Debido a circunstancias únicas del flujo del universo, que ha elegido manifestarse como decadencia creativa, los editores de Planeta Gris tomaron la decisión de iniciar una actividad que es en partes iguales experimento, ejercicio de escritura y excusa.
Cada uno propone tres temas variados, que entran en una lista de temas que serán repartidos al azar entre los mismos editores.
La idea es tomar tres temas asignados al azar y escribir un artículo que los una.
En este artículo escribo acerca de: 1) 1711, 2) Ajenjo y 3) El mejor día de la vida.

Nuestro personaje quien mas adelante en la vida llegaría a ser un gran hombre, llegó a un momento en su vida que se preguntó, ¿cuál es el mejor día de mi vida? Será quizás en su infancia cuando fue declarado líder de la pandilla de amigos. O quizás el día en conmovió a la primera niña y recibió su primer beso. O quizás cuando en su adolescencia una exótica mujer endulzó su vida. O talvez cuando ganó las carreras de atletismo. O quizás cuando una chica le tocó una maravillosa pieza con la guitarra solo para el. O será cuando recibió un premio por su ensayo. O será más bien cuando la mujer inalcanzable le confesó su amor. ¡No! – pensó, todos estos días han sido en extremo felices pero ¿Cómo saber cual es el más significativo?
Buscando en sus adentros se dio cuenta que el mejor día de su vida no fue ninguno de aquellos. Estos momentos por felices que fueron eran en su vida nada más que un trago de ajenjo. Pues claro que un trago de 70% de alcohol con un poquito de alucinógeno le hace el día a cualquiera pero sus efectos no perduran. El mejor día de su vida debía ser uno que lo haya marcado profundamente, más allá de un solo día, mas allá de un periodo de su vida, aquel que haya alterado el curso de su vida definitivamente. Debía ser perdurable, venerable como aquel sublime cello de Duport hecho en 1711, el cual aún deleita al más selecto público. Ese día debería ser el día que entro a su colegio. Este día cambio su vida para siempre.
El colegio escogido por sus padres rompía la secuencia lógica de su vida y lo transportaba a un lugar de gente desconocida con hábitos y costumbres diferentes a las conocidas hasta entonces por él. Allí conoció a la gente que luego en ningún lugar encontró igual. Nadie como su amigo quien con su crítica lo impulso a ser lo mejor de si. Nadie como su amiga que con sus grandes convicciones lo hizo reflexionar sobre la compasión humana. Nadie como su amigo que con su corazón abierto le hizo ver el suyo propio. Nadie como su amiga que le enseño como la genialidad se debe acompañar con dedicación. Nadie como la chica que le dio su amor como ninguna otra. Ningún otro día…
Creo que me robó el toque… y también hizo trampa… pero por las condiciones especiales del día lo voy a dejar pasar.
[...] absoluto cuál fue su desayuno hace treinta días, pero tener en cambio un recuerdo detallado de su primer día en la escuela. A esto se puede agregar la costumbre de registrar en medios más o menos fijos (fotografías, [...]