Sólo por un día… deshagámonos de los hippies
Es gracioso cómo se hace campaña para la votación en el referendo. Es gracioso como la gente, gracioso por inmoral. La campaña ni siquiera ha entrado en calor, pero desde ahora, se puede respirar en el aire el ambiente de concurso de belleza al que estamos tan acostumbrados (los fans de los concursos de belleza, no los costarricenses). Y la carrera empieza con sugerencias de miedo, riqueza y disgusto. Y se busca engañar, y se busca persuadir… y escuchamos juntos.
Mientras tanto, hay una implicación fundamental del referendo, que nadie parece entender: Todos tienen derecho a votar…
–Un momento… me avisan que todo el mundo sabe que todos tienen derecho a votar. Otro mensaje me informa que es obvio, que no sea tan ignorante y tan imbécil. El tercero me felicita por inventar el agua tibia… Continuemos–
El hecho de que todos puedan votar significa algo muy importante, o al menos lo significaría, si pudieramos deshacernos de los hippies. El voto popular representa la voluntad general y por tanto tiene la capacidad de eliminar uno de los elementos más molestos en la política: la política.
Si hablamos como Ciudadanos (así, con mayúscula), nuestra preocupación es procurar el mejor destino posible para nuestro país. Todos los estudios Serios (también, con mayúscula) al respecto dicen que el DR-CAFTA es beneficioso para la economía costarricense. A partir de esto, un panel de Ciudadanos tardaría más o menos 15 segundos en dar un Sí rotundo como respuesta. Pero aún los estudios Serios se pueden equivocar, ¿No es así?
Por supuesto que sí, y ahí está la belleza del referendo. En el referendo cada quién vota de acuerdo con lo que mejor le parece, y si por un momento logramos deshacernos de los hippies, cada quién vota de acuerdo con lo que más le conviene personalmente. Si los negocios de Oscar Arias se benefician con el tratado… bien, un voto a favor. Si un arrocero pierde con el tratado: un voto en contra. Si yo al final no me veo afectado… pues no me importa y no voto. No es necesaria una visualización etérea, omnisciente y pretenciosa de lo que es bueno o malo, ni para quién es bueno o malo, ni cuán bueno o malo es. Si se busca el bienestar de la mayoría (que —intuyo— es lo que se busca), la ruta del voto popular, si es un voto egoísta, asegura ese bienestar… Porque si no sabemos lo que es bueno para nosotros mismos, ¿Quién lo sabe?… Si no conocemos nuestro propio negocio, ¿Quién lo conoce?… Si no nos importan nuestros propios problemas… ¿Porqué a alguien más le deberían de importar?
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