El naufragio

4 septiembre, 2007 2 comentarioss

Me voy del cuarto cansado de escuchar sus historias de como lograron lo imposible gracias a un plan increíble que se les ocurrió en un segundo, y de como serian aún más poderosos que El azote de Dios, El Pirata Negro o que El Olonés, de cuántos tesoros robaron y de con cuántas mujeres se acostaron a lo largo de su vida, de como disfrutarían sus días en la Villa del Undoso, y ni qué decir cuando se ponen a cantar o bailar hasta caer de lo ebrios que están, mejor voy por una botella de vino que tengo debajo de mi cama para ver si así logro olvidarme de la mujer que no me ama.

 

Salgo hasta la proa y me siento, la luz de la luna ilumina a la que por esta noche será mi cantina, beso a la botella y dejo que el vino le ponga el sabor a su saliva, mientras yo acaricio el largo de su cintura y permito a mi mente viajar hacia aquel puerto de donde mi corazón nunca quiso haber tenido que zarpar, fuimos para épocas de fiesta las cuales siempre son las fechas más apropiadas para saquear a los habitantes de los pueblitos cercanos, pero antes como dictaba la tradición el primer día lo tomaríamos para embriagarnos, tomar a cuanta mujer estuviese en la cantina, cantar y bailar hasta que el piso quedara inundado por nuestro vómito y este cobijara nuestros sucios cuerpos.

 

Al siguiente día mientras honrábamos nuestra condición de piratas vi a lo lejos una mujer que llevaba puesto solo un vestido blanco y de repente en el fondo veía pasar extrañamos faros flotando sobre pavimento mojado, y escuchaba sonidos salidos de máquinas de un futuro algo lejano, ella se dirigía hacia mí y creo que nunca en mi vida estaría preparado para esta situación, y cuando estaba frente a mí, sentí la tranquilidad que antes solo sentí siendo un niño y vi en sus ojos el dolor tratando de eclipsar el resplandor de su alma, en ese momento enmudecí y me olvidé de todo los tesoros que antes mis ojos habían visto, no sé cuántos días pasé a su lado pero para mí…-me interrumpe el ruido de las risas del interior del cuarto- caigo en cuenta que estoy besando a una botella y decido taparle la boca poniéndole de nuevo el corcho y me deshago de ella tirándola al mar con tal fuerza, que al regresar mi brazo hacia atrás caigo sobre la proa y no hago el mínimo intento por levantarme, pasan horas o quizá minutos no hay gran diferencia para cuando no tenemos con quien compartir el tiempo…hasta que empiezo a sentir el frío de la lluvia cayendo sobre mí… ¡un momento hay una tormenta!…que se caiga el cielo no hay gran diferencia…el barco se mueve con dirección hacia el infierno del mar -el ruido de la tormenta no me deja ni escuchar mis propios pensamientos y entonces decido cerrar los ojos-

 

(La tormenta empeora y termina volcando el barco)

Estoy en medio del mar y las fuerzas empiezan a faltarme, busco un trozo del barco para agarrarme pero parece que el barco esta vez no quiere tenderme una mano, y cuando mi cuerpo esta casi completamente hundido a mi mano llega el cuerpo que hace poco tiempo atrás había tirado al mar y aferro mi vida a la botella, y floto gracias a ella, y me encuentro en medio de la oscuridad, mi mente vuelve a viajar hacia aquel puerto…pero para mí fue una eterna felicidad, besarla era como besar a la inocencia y nunca tuve mejor abrigo que el calor de sus abrazos, y como las piedras que solo saben rodar, los piratas solo sabemos robar, aun sabiendo eso renuncié a mi condición de pirata, porque valía la pena intentarlo, ya que nunca antes había sentido que daba pasos de gigante al caminar, hasta que llegó el día en que la realidad llegó a nuestra puerta y aunque yo no quería invitarla a pasar ella tenía la llave…ese día comprendí que los tesoros verdaderamente importantes no se pueden robar, y que las lágrimas verdaderamente importantes no se pueden ocultar, entonces partí dejándole mi corazón envuelto en una rosa blanca de papel y aunque quise que mi corazón hablara éste era de pirata y nunca expresa sentimientos aunque me queme por dentro, y me fui caminando por caminar como quien no va hacia ningún lugar pero que termina llegando al único lugar donde lo esperan, al llegar al puerto me subí al barco y aunque todos me miraban nadie dijo nada, y es que ellos siempre esperaban este tipo de situación para verse nuevamente reflejados aunque sea por un instante en el espejo de un rostro destruido por la decepción de perder un verdadero tesoro y toda esperanza de ser mas que su propia realidad…y no los culpo a partir de ese día yo también compartiría esa necesidad…-me interrumpe el sonido de aves revoloteando- abro los ojos y estoy tirado sobre la arena, a como puedo me levanto y veo a mi lado aquella botella, y empiezo a saltar de alegría como un niño y a gritar como loco, y lo mejor es que a la botella aún le queda un poco de vino para celebrar el estar vivo.

2 Comentarios a El naufragio

  • Jean D. dice:

    pasan horas o quizá minutos no hay gran diferencia para cuando no tenemos con quien compartir el tiempo… genial

  • Jean D. dice:

    muy pronto código pirata y Bitácora del Capitan…

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