El Baile
Mi identidad no tiene importancia.
Me muevo entre las sombras, bañado por luces de colores que al alcanzarme desvanecen. Los bajos retumban en mis huesos, los altos lastiman un oído que nunca funcionará igual.
Veo como puedo a través de la nube, tan densa por el humo del cigarrillo; el sudor, las feromonas, el alegre alboroto. Me alejo; perderme es la intención, perder la cabeza la única y abominable opción. Es mucho para mí, el constante movimiento, el constante observar; hombros, espaldas y piernas desnudas, fuera de alcance, antes, ahora, por siempre quizá.
¿Dónde encontraría el valor?
¿Cómo podría decirle?
Que quiero que respire de mi cuello
Como respira del de él.
Y vivo para llevar el latido
De su corazón en el mío.
¿Cómo hacerle sentir?
El deseo de ser uno del otro,
Dos minutos,
Mientras dure la canción.
No encuentro la manera, y me muero.
Mas existe un mundo de fantasía, que a veces es la realidad, y es este, esta noche, en que ella me pudo encontrar. ¿Es esto un milagro? Habla conmigo, sonríe. Por una vez no es la suerte del que tengo atrás.
—¿Querés bailar? —me pregunta, obsequiándome permiso.
—Yo no bailo —es mi respuesta. Que siga su camino.
Me duele decir que no, pero no tengo alternativa. Quisiera ser por una hora el más grande bailarín del mundo, y poderle mostrar. Si pudiera evitar ser un cobarde, aprender a explicar, que todas las noches bailo con ella, y somos felices, en mi mente, aquel lejano lugar. Si tan solo no tuviera miedo de ser un hombre mejor. Algún día, quizá.
¿Qué hago aún aquí?
Lo recuerdo, mientras la veo marcharse.
—Ah, —me digo— es cierto.

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Por mucho el mejor post que has escrito. Es mi humilde opinión.
14/Ene/2008 a las 7:17 pm
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