
Durante mi infancia el carro que teníamos en mi casa era bastante pequeño y debo confesar viejo. Un Daihatsu Charade 1981 en el que andábamos casi siempre en las cercanías de la ciudad. El carro era viejo y como las prioridades de mis padres eran, otras el carro solo tenía un radio AM que no funcionaba. La única música que se entonaba durante nuestros paseos era la que con toda alegría cantábamos mis hermanos y yo, siguiendo la guía de nuestra madre. Las canciones eran de la más diversa clase, estaban los “clásicos del camino”, sí esos que uno canta una parte el otro le responde, se van pasando el turno de canto, sí esos que uno empieza con una frase y el otro sigue con la frase y le agrega la suya hasta que se vuelve gigante la canción, otras tantos inventos de mi madre y una que aprendimos en el kindergarten, la cual por alguna razón, mami amaba que se la cantáramos: “Daisy”. (por cierto, mi mamá siendo la mujer polifacética que es, toca la guitarra y en la casa cantábamos otras tantas canciones pero eso es tema para otro día)
Esos viajes eran además de escazos bastantes sui generis, pues como se podrán imaginar un motor de tres cilindros no era muy potente. Así fue como aprendí que el viaje es también parte del paseo. Conocí inclusive lo que es ir de pueblo en pueblo visitandolos antes de llegar al destino. Pues claro que las razones que nos daban estaban llenas de romanticismo y no de razones burdas como la potencia del carro.
La gente se extraña conmigo pues soy bastante desconocedor en lo que se refiere a la música y no tanto de la música en si, sino de géneros como rancheras, salsas y otros que sus padres escuchaban pero como ven en mi caso las canciones infantiles eran el plato fuerte. Tampoco faltaba la música clásica de mi papá pero eso es otra historia.
La vida nunca es lo que uno esperaría que sea y a veces nos sorprende positivamente. Mi casa supero la época de vacas flacas y ahora tenemos dos carros y por cosas de la vida yo terminé con uno de ellos, o algo así. Sin embargo, la historia tiene sus formas de repetirse y mi carro no tiene radio. Lo único que usualmente suena en el carro son sus partes un poco flojas por el tiempo, menos romántico que niños entusiastas cantando. Pero tiene una casetera que sí suena. Lo que pasa es como ustedes sabrán ya nadie escucha música de casetes. Pero bueno hay que saber tomar partida de lo que se tiene y es por ello que un día de tantos decidí que iba a grabarme unos casetes con la música que tengo en la PC y conectando un par de equipos lo hice (bueno primero tuve que ir a SATEC a comprar los casetes que la dependiente ni siquiera me entendía a lo que me refería). Con lo que no contaba es que la bendita casetera fuera a destruir los casetes que grabé, con excepción de el que contenía Sam’s Town de The Killers. Cosa graciosa pues era el que con menos ansias deseaba escuchar pero bueno a veces la vida tiene formas humoristas de sorprendernos.