Meme Corazón de Luz (Parte I)

25 octubre, 2007 3 comentarioss

Y fue así como escribió en el árbol del destino su nombre junto al de su amada, con la esperanza en su corazón de que algún día ella pudiera ver la belleza que en él se encerraba, aunque consciente de que el camino apenas estaba empezando, el Sol ya se estaba acostando, y era tiempo de partir, porque la oscuridad viene siempre acompañada de monstruos que se alimentan de la inocencia. Meme se apresuró a terminar de dibujar alrededor de sus nombres la silueta de un gran corazón, y se volteó rumbo a casa, sin darse cuenta que al sacar el cuchillo desprendió una parte de la corteza del árbol. Sólo quedó escrito el nombre de Zoe, rodeado de medio corazón, y envuelto en la savia que manaba de las heridas del árbol. Era como si éste hubiese querido decirle algo… Si tan solo no fuese mudo… Para los oídos sordos de los hombres.

Meme llegó a un hogar algo frío, en donde ya todos dormían. Entró a su cuarto y se sentó, como de costumbre, al lado de la cama. Abrió la ventana y empezó a escribir música en el aire: Las notas subían lentamente, cada vez más alto, y la habitación empezaba a llenarse de escalas y sonidos. Meme bailaba al ritmo de las canciones que brotaban de su imaginación, y poco a poco sintió que empezaba a flotar mientras las notas lo rodeaban, lo abrazaban y le quitaban el frío. Apareció en el rostro de Meme una sonrisa que sólo pudo nacer de sentir que hacía algo que verdaderamente le apasionaba, olvidando la realidad que le aprisionaba. El cuarto entonces empezó a brillar, inundado por haces de luz del corazón de Meme, mientras las notas salían desfilando por la ventana, hasta desaparecer en la oscuridad de la noche. No fue hasta ver salir la última que pudo Meme conciliar el sueño, y olvidar que mañana será igual que ayer, si existe sólo hoy.

Finalmente llegó el alba, y sorprendió a Meme en compañía del pánico: Faltaba menos de una semana para el cumpleaños de Zoe y aún no tenía para ella un regalo. Meme se sintió perdido como muchas veces antes; existía esta única ocasión para demostrarle a Zoe no sólo su amor, sino la grandeza que ella inspiraba en su vida; pero se enfrentaba a tantos otros pretendientes (y sus costosos regalos)… No tenía oportunidad, la desventaja era demasiada. Tendría que pensar en algo, y tendría que pensar bien. Llorar era inútil y lo sabía. La angustia lo consumía, y le tomó todas sus fuerzas escarbar en las profundidades de su mente hasta recordar el obsequio de los Sabios.

Todos los mortales al nacer reciben un regalo de los Sabios que viven en las profundidades de la Tierra. Disponen de un consejo, que podrá ser pedido en cualquier momento, pero sólo es uno, y es el único consejo verdaderamente sabio que se puede recibir en la vida. Meme sabía todo esto, pero entendió que tenía en juego algo más importante que la sabiduría en su vida, y decidió pedir su consejo a los Sabios. Preguntaría por un regalo que demostrara la naturaleza pura de sus sentimientos hacia ella, eso estaba claro. Ahora sólo necesitaba encontrarlos.

La ruta hacia los sabios era desconocida. Imposible, decían algunos. No existían mapas, y Meme sentía como si los hombres que lograban llegar borraban tras de sí sus huellas, sólo para ser borrados ellos mismos de la faz de la Tierra a su regreso. Meme empacó comida e implementos, y sin rumbo definido se aventuró. Se guió con la imagen en sus recuerdos, y se impulsó con la fuerza de sus deseos, y al poco tiempo de errar encontró la puerta. Entró en una cueva, cuya boca no admitía animales grandes. Avanzó por incontables y oscuras galerías, como quien conocía la vía de memoria, y se sintió descender de esta manera hasta las entrañas de la tierra. La oscuridad era tan completa que sus ojos no llegaron a ajustarse, su alimento escaseaba, y poco a poco se le dificultaba la respiración. Si tenía que morir de esta forma -Meme pensó- usaría su último aliento en la búsqueda del regalo; Zoe no le perdonaría otra cosa. Sin embargo, la muerte no alcanzaría a Meme aún, y poco después se descubrió a sí mismo entrando en la habitación de los Sabios.

Sentimientos de insuficiencia y pequeñez asaltaron a Meme en la presencia de los Sabios, y en ese momento se supo patético y miserable en su pretensión, pero su propósito era más grande que él y finalmente pudo balbucear unas palabras nerviosas.

- Hoy vengo ante ustedes… A pedir el consejo que me concedieron al nacer… Quiero que me digan qué puedo regalar a mi amada para demostrarle lo que siento por ella.

Pasaron segundos en los que sólo el silencio se expresaba. Meme no sabía si llegaría a recibir un consejo, no sabía si había ofendido a los Sabios con su petición, o si les tomaba algún tiempo contestar… No sabía siquiera si le habían escuchado. Entonces esperó, y esperó, y los Sabios permanecían callados. Repentinamente uno, el más viejo, se dirigió a Meme.

- ¿Cuánto la amas?

Esta vez tocó a Meme sentirse ofendido. No tanto por el contenido de la pregunta, sino por la mutante frustración que le trajo no recibir el consejo que siempre fue suyo. La furia era palpable en su respuesta.

- La amo tanto que su ausencia en mi vida hace que duela existir.

Se reinició el silencio y se prolongó dolorosamente hasta fue interrumpido por el más joven de los Sabios.

- Atrás de donde se esconde el Sol cada tarde, se encuentra un Jardín donde crecen las Rosas del Arcoiris. Para aquellos que están dispuestos a ver con los ojos del alma, brota de las Rosas un nuevo arcoiris cada mañana. Ese es el regalo para tu amada, y si eres sincero no tendrás dificultad para obtenerlo. Pero te advierto, si nos mientes y no la amas tanto como aseguras, el Jardín te transformará, y serás una espina para siempre.

(Continuará)

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