En el país de los ciegos… (Redux)

Escribí mi post En el país de los ciegos… con dos intenciones. Primero, enojar a algunas personas que son más bien propensas a enojarse (sólo por lo divertido); y segundo, iniciar la discusión sobre algunas características que me interesan del comportamiento humano. Al parecer, cumplí en cierta forma con mis objetivos; sólo basta ojear los comentarios para entender. Por lo tanto, y a petición del público, hoy traigo ejemplos de dos de los temas que en esa ocasión traté: estupidez electoral y disonancia cognitiva.
Hablando de estupidez electoral se puede mencionar el caso de Sergey Mavrody, que en 1994 creó una compañía llamada MMM, de la que vendió acciones prometiendo un retorno de 3000% anual. La compañía fue un éxito y el precio de sus acciones subió de 1600 rublos en febrero a 105000 rublos en julio. El problema era que la compañía no se dedicaba a la producción de nada, ni tenía activos de ningún tipo; las acciones no tenían un valor intrínseco ni ninguna clase de respaldo. Las autoridades rusas, incluído Boris Yelstin, advirtieron que MMM era un fraude, y que el aumento de precio no era más que una burbuja; sin embargo, la promesa de dinero fácil era demasiado atractiva para el pueblo ruso, que decidió ignorar estas advertencias.
La burbuja explotó a finales de 1994 y la compañía cerró, pero Mavrody intentó forzar al gobierno a pagar las pérdidas de los accionistas, bajo la premisa de que no hacerlo llevaría a un levantamiento civil. El gobierno se rehusó, lo que llevó a muchos de los inversionistas a enojarse con el gobierno, no con Mavrody. Más adelante, Mavrody procuró una candidatura para el parlamento (Duma Estatal), como defensor de los accionistas que habían perdido sus ahorros. Y ganó.
Cualquier similaridad con cualquier líder político o cualquier grupo de presión o cualquier opinión de que el gobierno debe resolver los problemas de todos en cualquier país del mundo es pura coincidencia.
Sobre la disonancia cognitiva, ayer John Tierney publicó un artículo en el NYT, en donde reporta los resultados de una reciente investigación. En resumen, se buscaba verificar la solidez de los hallazgos que hizo Leon Festinger en los ’50s, según los cuales, una vez que alguien toma una decisión entre dos alternativas que considera inicialmente igual de buenas, empieza a valorar la alternativa elegida como superior a la otra, racionalizando su propia decisión como “la mejor posible”. Se atribuía este comportamiento a la necesidad de impresionar a otros, reafirmar nuestra “integridad moral”, proteger nuestro “concepto de nosotros mismos” y sentirnos “valiosos”.
Tierney replicó el experimento de Festinger, pero esta vez lo hizo con monos cariblancos (capuchinos) y niños pequeños. A los niños les ofreció postales y a los monitos M&Ms. Según lo observado por Tierney, una vez que un mono elige un M&M rojo sobre uno azul, empieza a ver el azul como una alternativa inferior, y en adelante no lo preferirá sobre uno rojo, o uno verde, o cualquier otro de los que en algún momento consideró iguales. Justo como los seres humanos (niños y adultos por igual), a los monitos se les dificulta valorar algo opuesto a lo que piensan.
Para la psicología, esto significa que hay que reevaluar algunas de las hipótesis que se mantenían sobre el origen racional de la disonancia cognitiva. Para mí, significa que debo reevaluar mi metáfora anterior. Talvez no soy Nuñez en el País de los Ciegos. Talvez soy Charlton Heston en El Planeta de los Simios.
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