Epítetos de recuerdo

Hay gente que nace con ciertos dones y habilidades admirables, de manera que con ello permiten al resto de la humanidad deleitarse y disfrutar, a tal punto que se les dan ciertos epítetos que los magnifican (epítetos bien merecidos). Dentro de estos personajes con epítetos magnificadores hay algunos que muy lamentablemente (no para ellos sino para nosotros) no son capaces de manejar esa grandeza que recibieron y la fama que alcanzan, de modo que las malas decisiones que toman y las acciones que realizan los llevan a tirar a la basura esas cosas admirables que en su momento poseían. Si bien es cierto uno de mis objetivos acá es criticar a esos personajes, esta crítica no es tanto una crítica, es más bien un reclamo que hago con mucho dolor a esos ídolos que podrían haber dado muchísimo más, y que casi con lágrimas en los ojos caigo en cuenta de que desperdiciaron su talento, que su legado debería haber sido más amplio, es la sensación de nosotros los admiradores de que algo quedó como incompleto. Daré a continuación dos ejemplos claros:

Diego Armando Maradona (el Dios): sin duda un epíteto bien merecido, era el dios del fútbol, en mi opinión NADIE ha sido tan grande como este argentino para dominar el balón, al ver imágenes de las jugadas que hacía dan ganas de llorar, era capaz de “echarse el equipo al hombro” en los momentos difíciles y hasta con estilo. Cuando jugaba, parecía en muchas ocasiones que lo hacía contra niños, debido a la facilidad con que se burlaba a los adversarios, era increíble. Ya todos sabemos lo que ocurrió, si bien en nuestra memoria seguirá siendo un dios por las cosas que hizo, eso es solo el recuerdo, no logró manejar su grandeza, las drogas lo echaron a perder.

 

José José (el príncipe de la canción): una voz simplemente inigualable, que le llega hasta el alma (si es que existe) al que la escucha, para mí la mejor voz que ha tenido México, capaz de cambiar el estado de ánimo de cualquiera, de transportarlo, de hacerlo soñar, era magnífico. Lamentablemente los problemas de alcoholismo le destruyeron su voz, el príncipe de la canción es un epíteto de recuerdo, por suerte podemos escuchar sus grabaciones, pero pudo habernos dado más.

Este es un ruego a nuestros otros ídolos, por favor no nos decepcionen, los necesitamos para que continúen deleitándonos con sus maravillas.

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