Navidad sin ti…

24 diciembre, 2007 2 comentarioss

Onyx Eyes

Corrían los últimos meses del año en nuestra fría y lluviosa universidad. Hacía tan solo unos cuantos días era ella no más que la niña mujer que de vez en cuando se vestía extremadamente formal para ir a clases y la que con su apariencia de rígida seriedad se molestaba con las bromas de mi amigo. Su mirada… la palabra es profunda pero se queda corta en describir lo que eran esos ojos azabache… esos con los que me miraba sutilmente con un odio espectacular, lo cual, por supuesto, terminó despertando en mi el interés hacia ella. “La mujer que odia es la mujer que ama”  -me decía mi abuelo-, y fue allí sentado en ese salón, con la física del siglo XIX como música de fondo, cuando le entendí. La pasión no la traen todas las personas y más vale que lo notes o terminarás con gente aburrida, no se si lo razoné así entonces pero de lo que estoy seguro es que lo sentí por todo mi cuerpo.

“Tenía que conocerla” –me lo repetía mil veces- era por ella que me despertaba con más ganas para ir a la universidad, me sentía como un niño enamorado, no muy lejos de serlo por cierto. “Su sonrisa, ¡Oooo! su sonrisa”. Solo su sonrisa era lo suficientemente bella para hechizarme. Convertido en un verdadero niño tome todo como un juego… Aprovechaba cada momento en que estaba cerca suyo para dar un comentario acertado (previamente meditado y cuidadosamente dicho) para así luego ver la aprobación en su mirada. Pues claro que yo no manejaba la situación, con una mujer así nunca se puede, pero mantenía mis movimientos al mínimo para evitar quebrar el delgado hielo que me sostenía con esperanza. Me fui así uniendo, progresivamente, a su grupo de amigos y cada cosa que sabía más de ella me conquistaba intrigaba aún más. Era la mujer que siempre había soñado; segura, inteligente, insegura, suspicaz, alegre, enojada, triste, que notaba en mí lo que siempre había querido que notasen los que están a mí alrededor, que notara en ella su profundidad sin poder entenderla y que me despertara le despertara sentimientos fuertes.

Llegó el punto en que perdí todo el sentido de mi cuidadoso plan de conquista, después de todo una mujer que se conquista con un plan no es la mujer que deseo. No sé que pasó, no lo recuerdo, solo recuerdo que llegó el punto en que todo se dispuso para que nos uniéramos. Pocos momentos he tenido más intensos que aquel momento en que me tomaba de la mano bajo la complicidad de la oscuridad de aquella casa de sustos, que de no ser por que venías emparejada te habría tomado en mis brazos con todo el amor que palpitaba en mi corazón. Fue al día siguiente cuando íbamos caminando por el trillo cenagoso cuando todo debió ocurrir, pero no yo no soy de esos que toman su destino cuando lo tienen servido en plato de oro, ocupaba medio segundo más, no sé para qué. Por qué no tomé en ese momento el beso que nos debíamos y deseábamos. Quizás era porque creo en la fidelidad, quizás fue porque no sabía lo efímeros que son esos momentos perfectos. Posiblemente haya sido que estaba embelesado con las frases que dulcemente me decías y que halagaban lo ocurrido y lo auténtica y duradera que nuestra relación iba a ser.

Lo único cierto es que cuando me di cuenta, ya era muy tarde (no que mi mejor amigo no me lo hubiera advertido) tu vida se había complicado y yo ya no calzaba en la escena. Mi corazón sufrió lo que merecía una época navideña sin ti. Una vida sin ti, que sin ti es un poco más oscura, que sin ti me hace que te vea en otras caras… que te busque permanentemente en otros ojos, en otras sonrisas, en otros corazones…

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