31 enero, 2008

“Hasta a esto llego tarde… Es increíble. Si al menos fuera que me están esperando, pero no, la gente no espera a las personas como yo, la gente espera a las personas como Orestes. Algunos nada más nacimos porque tienen que haber perdedores para que este juego llamado vida sea interesante para otros. Maldita sea, es increíble que aún sabiendo esto yo apresure mi paso; vestigios de esperanza o adicción a mi condición de perdedor, ¿Qué demonios será? (voltea preguntando al perro que lo acompaña y este sólo atina a hacer cara de perro), no sé ni por qué te pregunto a ti si hasta tú que eres mi perro lo prefieres a él. Yo sé que él te salvó de aquel incendio… Tú sabes que yo iba a ir por ti, pero el maldito nuevamente me robó un momento heroico (el perro le ladra como defendiendo a Orestes)… ¿Y tú por qué me ladras…? Oh maldito hijo de perra…”
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31 enero, 2008
Imaginemos que la vida es un sándwich. Imaginemos, para continuar el argumento, que es una naturaleza muerta de esas que figuran en las paredes de los restaurantes: un sándwich hermoso, imaginativo y suculento. Un semental entre los sándwiches. Un sándwich que, a pesar de todo, nadie puede comer.
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30 enero, 2008
Hoy no quiero escribir de mis vivencias pasadas, hoy no quiero escribir sobre lo que he hablado con mis amigos, o lo que me he dicho a mí mismo en la intimidad. No quiero escribir sobre amores mortales o nuevas razones para vivir.
Hoy no quiero escribir sobre tu vida o la mía, no quiero recordar, no quiero saber por qué estamos juntos en este momento, no quiero pensar cuándo empezó todo ni cuándo habrá de terminar…
No quiero perderme en un futuro incierto, no quiero agobiarte con mis pensamientos incoherentes, no quiero más migrañas, no quiero más complicaciones, no quiero trabajar, no quiero escribir acerca de lo que vi en televisión, ¿que más da? todo es lo mismo…
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30 enero, 2008
Distortion es la extraña obra de arte que arriesga ser antiestética, con tal de ser maravillosa. (AUDIO)
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29 enero, 2008
Nací en el centro de Europa en un pequeño pueblo en medio del bosque… al pie de los Alpes. Mi padre es el mejor carpintero que el pueblo haya tenido jamás. En su taller pasa largas horas del día realizando sus tareas que pareciera que ha hecho desde el principio de los tiempos. Al inicio de la semana, toma un tronco de madera, lo corta en piezas bastante rústicas y éstas las pule y las cepilla con un extraño artefacto que le debió confeccionar Peter el herrero. Poco a poco esos tablones van tomando cara de mueble, grande y pesado. Sin embargo, la rudeza de los gruesos cortes contrasta con los detalles que afanosamente le talla a la madera.
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