Actos Maquiavélicos: “Un príncipe necesita saber utilizar con acierto a la bestia y al hombre”

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Nunca había sido tan larga la espera para sentarme a escribir, tuve muchas excusas, no hay tiempo, deberes, descanso… Pero ya se hizo inútil e insoportable esperar un minuto más para hacerlo.

Recordando a Maquiavelo, me di cuenta de que el gobernar un Estado, no es más que el plural de gobernar una persona. Muchas veces creí jactarme de poder hacerlo en el plano de la conquista, el sujeto acostumbrado a vivir en libertad con sus propias leyes (concepciones, estilo de vida, prejuicios, estereotipos, etc.) diferentes a las propias en mayor o menor grado. Me surgió la pregunta, ¿Cómo conservarlo? (recordemos que estoy hablando de un tipo de poder, de Estado, de amor, dependencia o sujeción respecto a una persona, y generalmente eso es lo que queremos hacer.) Encontré varias respuestas:

Primero.- Dejar que siga viviendo con sus propias leyes. (bajo un costo)

Segundo.- Adaptar mis leyes o convicciones a las suyas.

Tercero.- Destruirlo. *Esta última opción, sin tomarla en el sentido literal, se refiere a renunciar al objeto de afecto.

Bien, suena conveniente que la persona siga con sus mismas ideologías, sistema de vida, gustos, excentricidades, por ejemplo. Si son diferentes a las propias, pues, el costo se configura en que se adapte y trate de compartir las mías, si no no recibirá ningún tipo de gratificación de mi parte. ¿Y si decide que no?

Si se adaptan las convicciones propias a las suyas, se podría pensar que se esta perdiendo el objetivo de ser quien conquista por volverse un conquistado. Pero acaso, ¿no sería una forma efectiva de adentrarnos en el sujeto para luego llegar acabo nuestras complacencias?

Bueno y la destrucción, no tiene mayores esclarecimientos que hacer. El goce del poder no es más que el poder sobre el cuerpo del otro.

En fin… ¿Qué es lo que queremos? ¿Quién define ser conquistador o conquistado? ¿Por qué tantos argumentos si lo que queremos es acceder nuestros más ínfimos placeres? El amo como bien es sabido, termina dependiendo del esclavo o de su servidumbre.

El problema se presenta en esta quimera, con la que trato de revelar “el secreto jamás contado de las relaciones de pareja” (en el sentido peyorativo). Todo se invalida cuando aparece esa fuerza ciega, que se sobrepone y nos constriñe a proceder de cierta manera, sin que se nos pueda considerar responsables de las acciones que protagonizamos. La voluntad de un “enamorado” queda anulada por el sentimiento amoroso, que se convierte en el causante de los actos subsecuentes, buscando insaciablemente una correspondencia. Ante la presencia de la incertidumbre, se genera un desasosiego y dolor. La llegada de esta, no llega a tranquilizar a los amantes, pues si de algo carecen estos vínculos es de tranquilidad; nos presentan situaciones complejas, celos, discusiones y reprimendas, que no hacen más que arrebatarnos esa tan anhelada conquista de equilibrio y paz interior; un completo trastorno de los sentidos, pasando como lo diría Lope de Vega: “…de la sordera a la locura, de la ceguera a la poesía…”

¿Será que esta es la conducta más razonable, donde no nos estamos rebelando contra los instintos? Quizá el tener un protocolo y un comportamiento que se debe asumir al compartir con una pareja, no es más que una convención de las personas débiles y temerosas frente a las fuertes. Por ende, no podríamos “dominar” a nadie si continuamos siendo presa de ciertas normas y actitudes que dota la sociedad para mantenernos bajo un poder inocuo respecto al amor. Una persona busca el amor, de la forma en que lo conocemos y que se ha descrito anteriormente por un mero conjunto de creencias y el comportarse o actuar conforme a cierta condición, se convierte en la práctica, en pasiones mas despreciables, tales como la ambición, el orgullo, el interés particular, sin las cuales no podemos vivir día a día.

Ser hombre es vivir irremediablemente solo y a pesar de saberlo seguimos intentando inútilmente, debatirnos contra la soledad. Se concibe como el mayor horror que puede padecer el hombre.

Convenientemente la cultura ha derivado del hecho esencial de que la soledad es insufrible, por esto diariamente nos enfrentamos a diversos martirios autoinfringidos para evitar padecerla.

Volviendo al acierto del príncipe en el conocimiento de la bestia, debemos lograr la realización de la soberanía, traduciéndola como la libertad que tenemos como individuos, aceptando y queriendo estar solos. Cuantas veces por no aceptar este argumento tan sencillo, terminamos por destruir el objeto de deseo haciendo imposible el deseo, difiriendo y aspirando indefinidamente a repetir la misma conducta. Convirtiéndonos al fin y al cabo en unos coleccionistas, víctimas de los supuestos placeres que creemos buscar.

Empero, se sepa distinguir la opinión que exteriorizo y no se distinga sólo “el mal” que algunos puedan considerar en mi escrito, puesto que se gangrenarían leyendo al Divino Marqués de Sade.

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4 Respuestas para “Actos Maquiavélicos: “Un príncipe necesita saber utilizar con acierto a la bestia y al hombre””

  1. Es cierto, la soledad no tiene por que ser tan terrible, pero a veces se necesita la compañia. Pienso que cosas como el matrimonio y otras relaciones que pretenden que dos personas esten juntas para siempre van en contra de la naturaleza del ser humano, pues el ser humano nunca esta conforme y se aburre rapido de cualquier situacion, pero precisamente estar todo el tiempo solo tambien es aburrido. Conclusion: es necesario cambiar de pareja periodicamente e intercalar periodos de soledad entre esos cambios.

  2. Vivir con alguien es difícil…
    Vivir solo es dificil…
    Vivir es difícil…
    En realidad lo único que importa es ser perseverante en las metas propias: estudio, trabajo, matrimonio, soltería, etc.
    Al final la lucha es con uno mismo. Así, a medida que uno empieza a derrotar sus propios defectos y miedos, la relación con la propia soledad y con las demás personas mejora.

  3. Expresión amplia de una colección de ideas y pensamientos, algunas veces confuso del ser, del sentir, del pensar, del soñar… cuasi cercana a la divagación del Lobo Estepario… podría analizarlo bajo el “weltanshaung” de la divagación natural de un ser que piensa… pero sin caer en el cartesianismo del “cogito ergo sum”. Se es porque fue hecho, concebido, no pensado…fruto de la entrega del amor amado.
    El amor, el odio, la indiferencia, la soledad, la tristeza o la alegría son solo sentimientos momentaneos, tan fugaces como el placer mismo que el ser humano, creyéndose inmoral, tiende a crees es eterno.
    ¿Qué es lo hombre si no una colección de huesos, carne y sangre? ¿Hay algo más?… No soy existencialista… no puedo serlo… porque he sido amado, soy amado y aunque sea también un instante… amaré lo amado del instante y el instante mismo de ser hasta odiado. Haré por tanto, eterno ese momento y con él lo seré yo.
    Lo único que no tolero es la angustia, la soledad y la antipática sensación de vacío… que siempre tendré de superar el instante mágico del placer encontrado, del placer buscado, del placer amado. Soy más que huesos, soy más que sensaciones, soy más que el pensamiento mismo…
    Al final no seré yo, capricho de un ser supremo que tira los hilos, me castiga y dirige… Seré la libertad misma que produje la genialidad de mi creación, de mi pensamiento, de mi decisión de ser quien debo ser en este universo. Al final estaré solo… pero en mi universo prefiero acompañado y anudado en la dialéctica del: tú sin mí y yo sin tí… nosotros.

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