Un hombre que era bueno
Sé de un hombre que era bueno,
pero ahora no lo es más.
Ahora es como los demás:
bien repleto de veneno.
Aprendió a ser abusivo
con las mujeres e infantes,
y sus risas sicofantes
tienen un cierto atractivo.
También paga con moneda
de maltratos y perjuicios,
y es su alma polvareda
desolada por los vicios.
Pero el hombre no se inmuta,
no ha advertido si actuó mal:
su derecho es natural
y a sus dioses aún tributa.
Y yo pienso en este hombre
que fue noble alguna vez;
¿Fue una injuria hacia su nombre
que tornó afable en soez?
¿Fue algún golpe de la vida
que le dio alas de villano?
¿O hay tan honda alguna herida
que desangra en él lo humano?
No lo sé, no lo sabré;
mil preguntas, o ninguna;
y me agrada sólo una,
la que apuntala mi fe:
¿Será invento la bondad
que encontré en este varón,
mis recuerdos ilusión,
mi memoria veleidad?
Porque prefiero culpar
de los cambios al olvido
si éste me impide aceptar
lo más triste que he sabido,
que me asusta como el trueno,
y me asfixia como el gas:
Hay un hombre que era bueno,
pero ahora no lo es más.
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Este viene con dedicatoria: A un reverendísimo.