
Al inicio de Gone Baby Gone, el detective privado Patrick Kenzie, interpretado por Casey Affleck, medita: “Siempre creí que eran las cosas que no eliges las que te hacen ser quien eres. Tu ciudad, tu vecindario, tu familia.” A lo largo de la película se dará cuenta de cuán ciertas o falsas son estas palabras, cuando una serie de secuestros infantiles lo lleven a descubrir de qué estan hechos realmente todos los involucrados: culpables, víctimas, investigadores y, sobre todo, él mismo.
Gone Baby Gone está basada en una novela de Dennis Lehane, quien en conjunto con George Pelecanos y David Simon (los tres participan en The Wire, pero esa es otra recomendación) es uno de los autores que en tiempos recientes ha inyectado nueva vida al género criminal, y en este caso en particular logra convertir una investigación sobre secuestros infantiles en una arrasadora afirmación moral.
La trama es entretenida y sorpresiva, lo que se puede atribuir a Lehane; no obstante, la película está tan bien lograda, y nos sumerge tan completamente en la tragedia del crimen y el mundo en el que éste se desarrolla, que se tiene que reconocer la labor del director primerizo Ben Affleck. Con este trabajo, Affleck demuestra un gran potencial y nos obsequia uno de los mejores debuts cinematográficos de los últimos años.
En fin, a quien le gusten las películas de investigación (o el buen cine) no le irá mal si aparta un par de horas para disfrutar Gone Baby Gone.