Y entonces estaba allí ella la que nunca había visto, o por lo menos apenas me recordaba haberla visto antes. Iba a estar todo ese año allí y verla ahí sentada era todo un descubrimiento. Me daba la sensación de estar viendo un fantasma. Mi primera reacción: voltear a ver a la gente a mi alrededor para ver sus impresiones… pero nada, todos y todo permanecían inmutados ajenos a mi momento. ¿Estaba perdiendo la sanidad mental o el gusto? ¿Qué importa?, yo la veo y si para nadie más significa eso… tanto mejor para mí. Su sonrisa: inigualable, su risa: entre tímida y graciosa, sus ojos: una mirada a la inocencia.
En una de las situaciones cómicas de la vida no fui yo quien la abordé, ni ella por supuesto, sino su amiga la que me invito a sentarme con ellas. Esta otra sí tenía las miradas encima, su personalidad mucho más extrovertida, destruida y dañada a niveles que permanecieron secretos para mí. Pero fue gracias a ella que nos unimos y después de ese día fuimos inseparables. Bueno inseparables es una palabra un poco complicada… haciendo un recuento del tiempo, la verdad es que nunca estábamos juntos pero cuando lo estábamos fabricamos los que serían de los mejores recuerdos de mi vida.
Era una época un poco extraña no tenía ningún tipo de prioridades, tan solo una preferencia por el desorden, la juerga y el descanso… no sabía lo que quería. Entiendo que es difícil llegar a alguna vez saberlo pero en la mezcla de fiesta, alcohol y responsabilidades, todo es aún más borroso y errores se cometen sin querer en un abrir y cerrar de ojos. Al menos quisiera pensar que fue eso… que no supe qué hacer con lo que tenía, porque de no ser así, la tristeza prolongada por años perdería todo su sentido.
Lo que nos trae a este momento, las cosas han cambiado, y el tiempo ha transcurrido. Y te quiero decir: “, lo único que quiero es una nueva oportunidad… de mostrarte que eras para mí” y yo para ti.
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