Siguen esperando aún…
En esa tarde lluviosa se detuvo el tren a la hora de siempre, tarde por supuesto; Diego mira su muñeca desnuda y cae en cuenta que ha dejado su reloj sobre su mesa de noche, junto a sus cigarros -Por lo menos traje el encendedor - se dice a sí mismo.
Juan, el tipo flaco que viene renqueando, es su hermano. Tan diferente a él sin embargo tan parecido, al pobre diablo lo atropelló un carro hace un mes, pero no se preocupen, ya se encuentra mejor; se acerca a Diego y saca una cajetilla de cigarros, busca en sus bolsillos por el regalo de Prometeo, Diego alza su mano y le da fuego, Juan toma una fuerte bocanada y le ofrece un cigarro -Gracias - contesta éste - pero ya no fumo… ambos observan cómo parte el tren, Diego vuelve a observar su muñeca desnuda y maldice su necedad, esta maldita constumbre… esperan al gordo, el tipo que viene caminando de lejos con los ojos entrecerrados pues le cuesta ver bien a la distancia, con la cara aún hinchada por los golpes de la otra noche, pero no se preocupen ya se encuentra mejor; tan diferente a los otros dos, sin embargo tan parecido; es el mejor amigo de Diego. El gordo se sienta junto a ellos en la vieja banca de la estación, se disculpa por el retraso mientras saca dos cigarros doblados de su bolsillo, le entrega uno a Diego quien no tarda en colocarlo en su boca, Juan extiende su brazo y le ofrece fuego a ambos… los dos toman profundas bocanadas, dilatando la respiración lo suficiente como para no exhalar humo… aferrándose a éste…
Una vieja dama camina en la calle de en frente y los vuelve a ver… tres pobres diablos con el corazón partido… aguardando por el siguiente tren…
Diego vuelve a ver su muñeca desnuda y le dice al gordo…
Llegas tarde…
Todos sonríen por la ironía, pues ya están cansados de llorar…
Según dicen, siguen esperando aún…
Envía a un amigo


Comenta este post