La Zona (alternativamente: La Película Más Romántica de la Tierra, Parte I)

3 abril, 2008 1 comentario

“Falling Slowly” – Glen Hansard & Markéta Irglová

Collage: Románticas 1

Esta es una buena idea. Sobre todo en este momento. ¿No es así? Tiene que serlo. Es una buena acción. Yo me lo agradecería. Corrijo: yo me lo agradeceré. Después de todo, no siempre se tiene el tiempo para averiguar esta clase de cosas, y puede que se necesite la información más de un par de veces en la vida. Desesperadamente quizá. Estoy haciendo algo bueno, de eso no hay duda. Y la mejor parte es que al terminar, cuando tenga las respuestas, cuando haya encontrado la película más romántica jamás filmada, podré verla con ella, y aprenderemos juntos todo cuanto haya que saber del amor. No, discúlpenme, eso fue una mentira. Ella y yo sabemos ya cuanto puede ser sabido. Lo aprendimos hace muchos años, cuando éramos jóvenes y el mundo era bueno. La película será solamente una manera de recordarlo. Nada más.

Inicio con la película que sé que agrupa a todas las demás. Si alguien me preguntara, le diría que lo hago por motivos prácticos, preventivos, que me gusta mojarme los dedos antes de lanzarme al agua. ¿Qué más podría decir sin que se me tomara por idiota? ¿Que es la primera película que vi luego de que nos alejáramos por completo? Eso nunca se lo diré a nadie. Tendrán que creerme lo de los dedos… De cualquier manera, no importa. Nadie me pregunta y puedo verla sin tener que justificarme. Y la veo, y por dos horas creo completamente en la idea de que el amor está en todas partes. Por más de dos horas, en realidad, lo cual es extraño. Yo debería odiar esta película, y sin embargo estoy encantado. Es manipuladora, falsa, llena de clichés, ¿y aún así me da ganas de ir y abrazar extraños en la calle? Hay algo malo conmigo, y creo sé exactamente qué es. Yo era un hombre más romántico cuando la vi por primera vez, y no me importaban estas cosas. Maldición, si hasta me conmovía City of Angels antes de ver la versión original, que ahora empieza a correr.

Bien por mí. Ahora tengo la destreza para ver qué hay de malo con las películas y en cambio no puedo sentirlas. Alguien debería darme un premio… Al menos puedo disfrutar Love Actually todavía. Es como si lo que conocí en ese tiempo de mi juventud fuera inmune a mi cinismo de la actualidad. Quizá por lo mismo no he podido enamorarme perdidamente de alguien después de ella, y por eso me siento como un niño ahora que me dispongo a hablarle de nuevo. Me conmuevo más con recuerdos de las sensaciones del pasado que con experiencias nuevas. Parece ser que hay un corto periodo en la vida, una zona, cuando uno se permite sentir y dejarse llevar. Un periodo que sólo entiende el niño interior y guardado por él. Un periodo para enamorarse estúpidamente, como lo hicimos ella y yo.

El cine me recuerda, sin embargo, que lo que tuvimos —esos días de magia, cuando nuestras vidas corrieron paralelas— no es algo que le ocurra a cualquiera. Dejamos de ser personas ordinarias en aquel entonces, para convertirnos en seres fantásticamente afortunados. No puedo evitar una sonrisa de complicidad mientras veo a Ethan Hawke y Julie Delpy recorrer Viena. Ellos también conocieron un milagro, ¿No es cierto, amigos? Veo Before Sunrise y Before Sunset una atrás de otra y si pudiera llorar estaría haciéndolo desconsoladamente en este momento. Diez años perdidos, robados a la vida que tenía que ser. Y un reencuentro que sólo ocurre por casualidad. ¿Será posible que estos encuentros sólo ocurran una vez en la vida? No puedo arriesgarme, no quiero arrepentirme después. Tengo que contactarla otra vez. Y me impaciento.

Cary Grant y Deborah Kerr se encuentran en un barco en An Affair to Remember, y luego de un par de tardes inolvidables se descubren enamorados, como nosotros. No nos conocimos en un barco, por supuesto, pero sólo hace falta un par de tardes para saber de verdad. Empiezo a desesperarme: una y otra vez las despedidas, los periodos de espera y los reencuentros que no se dan. Pasó la media noche hace un rato ya, y sé que no puedo llamarla, que tengo que controlarme y esperar la llegada del nuevo día. El día que trae todas las promesas, que me permitirá reunirme con un pasado que puedo recordar romántico, que me permitirá poner fin a todos estos años de distancia.

Y es que fue culpa mía, la separación. Culpa de ambos, en realidad, pero ahora entiendo que yo fui el que permitió que nos apartáramos poco a poco. Ella llegó de sorpresa y me salvó, me ayudó a conseguir una vida que me gustara, me dio confianza para vivir en el mundo. No; para ser el rey del mundo. Aprendí a querer gracias a ella, a olvidar mis errores del pasado. Y simplemente seguí adelante. Natalie Portman llora en Garden State. Si tan solo ella hubiera llorado, si le hubiera dado una señal a este ciego que se alejaba descuidado.

Restan aún dos horas a la noche, y es tiempo para la más reciente del grupo. Ya no sé si he perdido la razón, pero me veo nuevamente en esta historia. Once. Un par de encuentros, y una mujer como ella que pueda interesarse por un pobre diablo. Estos son los ingredientes para un cambio de vida. Bueno, un grupo de ingredientes entre el montón. Me empiezo a dar cuenta que puede lograrse lo mismo con recuerdos de un pasado inocente y un recorrido por algunas de las películas más románticas de la tierra. Continuaré mañana. Hoy debo ir por ella.

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1 Comentario a La Zona (alternativamente: La Película Más Romántica de la Tierra, Parte I)

  • Fercho dice:

    Ok quiero encontrar a esta mujer….una mujer como ella que pueda interesarse por un pobre diablo…como yo!!! Hasta que me duele la naturaleza tras estas tristes palabras…tras esa triste verdad.

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