Incorrecto / Incorregible (alternativamente: La Película Más Romántica de la Tierra, Parte III)

“Lost Someone” - James Brown

Collage: Románticas 3

Camino por las calles desocupadas de las afueras de la ciudad, que siempre me tranquilizan. Es la primera vez que salgo desde que me rompieron el corazón y, desde entonces, la primera hora de mi tiempo que me alejo del televisor. Resuenan aún en mi cabeza las palabras de Celia Johnson en Brief Encounter, como un reflejo de mi mente: Esto no puede durar. Esta miseria no puede durar. Tengo que recordar esto y tratar de controlarme. Nada dura en realidad. Ni la felicidad ni la desesperación. Ni siquiera la vida dura mucho. Llegará un momento cuando esto no me importe más, y pueda ver hacia atrás tranquilamente, y pensar que todo fue una tontería. No, tampoco quiero que llegue ese momento. Quiero recordar cada minuto, siempre, hasta el final de mis días.

Es realmente triste, la pérdida. Aún después de tantos días de darle vueltas una y otra vez, de verlo razonablemente, de entenderlo como un adulto, me entristezco profundamente cada vez que algo en la calle me la recuerda, lo cual ocurre todo el tiempo. Ya no es insoportable: ya no pierdo el equilibrio, ni sudo ansiosamente, ni siento el estómago retorcerse cada vez que pienso en ella. Ya no necesito estar borracho todo el tiempo para calmar el dolor. Pero la tristeza no me deja, y el recuerdo de experiencias anteriores me asegura que nunca me va a dejar. Esta tristeza —este vacío que ella me dejó— es ahora parte de mí, como los brazos y el páncreas y el odio por los gatos.

Sé ahora que nuestra relación pudo estar destinada al fracaso, que somos quizá demasiado distintos y lo que vivimos se debió a circunstancias especiales. Es posible que nos llegáramos a odiar con el tiempo, o que nos convirtiéramos en extraños (como efectivamente pasó). Talvez nuestra relación no habría estado predeterminada por las fuerzas del universo, como la de Christopher Reeve y Jane Seymour en Somewhere in Time, y lo más posible es de hecho lo contrario. Es absurdo pensar que seríamos para siempre el uno del otro, y entiendo los miles de posibles obstáculos que podrían encontrarse a lo largo del camino. Entiendo todo esto, pero aún no lo puedo creer.

He dejado atrás todos los Ghost y los Jerry Maguire del mundo, y las películas que más persistentemente recuerdo durante la caminata son las que tratan de ese amor que no debería poder ser, del amor difícil, y doloroso, y único, y muy incorrecto. Justamente ese para el cual pareciera que estoy destinado. Por esto mismo otro discurso que permanece conmigo es el de Nicholas Cage en Moonstruck: Yo no sabía esto, pero el amor no arregla las cosas, sino que arruina todo. Te parte el corazón. Hace un desastre. No estamos aquí para ser perfectos. Los copos de nieve son perfectos. Las estrellas son perfectas. Nosotros no. ¡Nosotros no! Estamos aquí para arruinarnos, y partirnos el corazón, y amar a personas equivocadas, y morir.

Y sí, puede ser que en ocasiones todo termine mal, y puede ser que esto disuadiera a hombres más maduros de intentar relaciones con mujeres incompatibles. Yo, sin embargo, soy de los que en momentos de crisis recurren al cine, y no puedo evitar enamorarme de ideas como la de Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Una pareja incorrecta que aún así puede alegrarle a uno la vida, eso es lo que necesito, lo que no puedo resistir. ¿Y qué si con el tiempo nos arruinamos uno al otro? Al menos habría aprendido algo, y no tendría que acostumbrarme a la insatisfacción y a esta sensación de que pude haber vivido mucho más. Es virtualmente imposible saber lo que traerá el futuro, pero al menos quisiera enfrentarlo en mis propios términos.

No. Al demonio mis propios términos. Al demonio el futuro. Sólo quiero lo que ella me quitó. Quiero que me devuelva mi esperanza, y mi compostura… Quisiera sobre todo algo tangible y real, algo qué poder olvidar, porque aún si lo que conocí con ella no tuvo valor o consecuencia alguna, sé que nunca encontraré algo igual, y eso me enloquece.

Regreso a casa hacia el final de la noche, cuando ya el mundo duerme a mi alrededor. Cuando entendí lo que me estaba pasando, decidí guardar para el final dos de las mejores historias de incompatibilidad en New York, Kissing Jessica Stein y Annie Hall. Y bien, este es el final. Río un rato, y reconozco la magia del encuentro que ya he visto en tantas otras películas. Eso no es lo importante, ni lo que recuerdo. Lo importante, el mensaje que me quise dar cuando las escogí, es que esta gente es como yo, y aunque buscan una perfección que no existe, hacen el intento de conocer otras personas, incorrectas como puedan ser. Porque como dice Woody Allen en las últimas palabras de la última comedia romántica que veré en mucho tiempo: necesitamos los huevos. Tengo que encontrar dentro de mí la fuerza para ir a buscar ese amor incorrecto, ahora que la perfección con la que siempre conté se me deshizo en el aire. Tengo que convencerme a mí mismo de que es ella la que se lo pierde. Y eso es lo más difícil, porque la verdad es que me lo pierdo yo también.

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