Miedo a la libertad – Parte I

1 mayo, 2008 4 comentarioss

Libertad 1

En la sociedad occidental (tal cosa no existe) tenemos un sentido de la libertad como probablemente ninguna otra sociedad de la historia. Al menos en su universalidad entre tantos estratos sociales y situaciones particulares de cada región. Con esto no quiero insinuar que occidente sea todo lo que cree que es ni que fuera de occidente no existan situaciones similares. Lo que sí es cierto es que este sentido de libertad se expresa ampliamente en la ficción y por qué no en la ciencia-ficción. La forma positiva es muy obvia y realmente nos inspira grandes y buenos sentimientos pero hoy me interesa hablar de cuando el amor por la libertad se expresa en miedo por la ausencia de esta. Ese miedo agobiante del prisionero, pero más allá del prisionero en una celda, el prisionero en su vida cotidiana. Las películas —dijo el cineasta Grant— son una gran fuente de saber pues son tanto creadoras como reflejo de la imaginación.

Ese terrible miedo de que nuestras vidas no sean más que un show, ese miedo de ser algún tipo de Truman en el medio de un mundo cuidadosamente planeado alrededor nuestro. Una idea tan agobiante como pensar que los grandes espíritus de libertad lleguen a ser doblegados por la masa hasta formar parte de ese indistinguible y gris colectivo, ese capitán Picard asimilado por los Borg. Pero esta noción se ha trazado también en las páginas de la literatura universal. Ese año legendario de 1984 es quizás el símbolo más claro del temor a ser subyugados por la maquinaria estatal que no desea más que obedientes ciudadanos sin derecho ni espacio para la imaginación ni el deseo de cambio. La película/álbum The Wall es otro ejemplo de lo agobiante que se puede tornar, la noción de no ser otra cosa que un ladrillo más de la pared de la sociedad.

Estas nociones tan diseminadas en nuestra conciencia colectiva contrastan con el avance del mundo moderno. Veamos por ejemplo los borg criaturas del mundo de Star Trek, abominables, robóticas e inhumanas. Tienen injertos electrónicos que les permiten estar conectados 100% del tiempo con el resto de su clase, además pasan sus experiencias al colectivo para así evitar que sus similares sufran el mismo destino. En cambio, en nuestras vidas estamos cada vez más conectados vía telefonía celular lo que hace que dispositivos al estilo Borg, no solo ya existan sino que previsiblemente su difusión irá en aumento. Lo que me lleva a mi punto, hay un miedo por la imposición “estatal” pero en cambio sentimos libertad en la compra del aparato, quedando entonces evidenciado que nuestro miedo por la pérdida de la libertad se reduce a un problema semántico. De qué forma tomamos una misma situación, poco se puede hablar de la vida en el mundo de 1984 pero por ejemplo, la vida de Truman fuera de su mundo de burbuja será seguramente muy parecida a la que llevaba dentro. El problema no es ser un ladrillo más de la pared sino qué tipo seremos, una frase conocida de los físicos es esa que acepta ser parte de una estructura como medio para alcanzar la genialidad:“No soy más que un enano parado sobre los hombros de gigantes”. Es que finalmente, nadie puede avanzar solo y la así vista ausencia de libertad puede no ser otra cosa que lo único que nos libere de nuestro primitivo ser.

Por otro lado, ese temor ante el poder estatal es ridículo si en sustitución cedemos el poder a otros igualmente poderosos, deberíamos temer de cualquier forma de poder y no deberíamos temer a ninguna en particular. El miedo extremo nos hace cometer acciones terribles, caóticas y sin dirección. Hay que evitar convertirse en Borg pero si ese temor nos lleva a rechazar el lado positivo de este tipo de sociedades, esto interrumpe nuestra añorada libertad. Acciones como estas rompen el equilibrio del poder y nos conducen a la ruina de las personas y, de actuar en conjunto, de las sociedades. Casos muy claros que vemos en 2008: Venezuela con ese terror por el mundo corporativo que tanto daño le había producido, los ha conducido a una situación aún peor. En EE.UU ese pánico colectivo por el llamado terrorismo los llevo a justificar acciones de dimensiones inimaginablemente ridículas que ahora les pasa una factura tétrica en su día a día que se reflejará por años. En cambio el recelo sano (libre de miedo) ante las manifestaciones y arrogaciones de poder permite avanzar sin romper el delicado balance de maldad/bien que proviene de todo tipo de poder.

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4 Comentarios a Miedo a la libertad – Parte I

  • Humberto dice:

    ¡ANARQUISTAAAA! ;)

    Por supuesto, gran parte de la percepción de libertad está en la posibilidad de elegir:
    1) Truman no fue un prisionero hasta que no descifró su prisión, y no fue libre hasta que se le dio la oportunidad de salir (la aprovechara o no). Lo que pudiera hacer afuera es irrelevante al hecho.
    2) En 1984 el Gran Hermano es inescapable. Si es la propia elección seguir al Gran Hermano, excelente, pero, ¿Si no es así? Ahí se ilustra uno de los principales problemas con la imposición estatal: la magnitud absoluta, virtualmente inapelable de la ley y el poder.
    3) Y por supuesto, la creciente interconexión humana nos puede convertir en algo así como los Borg. Y no me refiero únicamente a los celulares, sino al Internet móvil. Basta imaginarse la totalidad de la producción intelectual humana y la totalidad de las posibilidades de comunicación existentes al alcance de la mano, siempre, en cualquier lugar. De hecho, (y talvez alguno de los tecnoantropólogos de este blog pueda extenderse sobre el asunto) el acceso rápido a la información lleva a una creciente cantidad de personas a confiar más en su memoria o su capacidad de cálculo “electrónicas” que en las naturales. Después de todo, en este mundo moderno no hace falta ser el que conoce más datos, sino el que sabe dónde están los datos, y con los motores de búsqueda existentes, ni siquiera eso. En fin, nada de lo anterior viene al caso, excepto porque aún existe la posibilidad —cuya racionalidad no discutiré en este momento— de no participar. Mientras no se esté obligado a comprar/utilizar el teléfono celular contra la propia voluntad, hay libertad.

    Espero la continuación para saber hacia dónde va este asunto, y dónde está ese Miedo a la libertad del título.
    También me gustaría saber cuáles considera el autor son las consecuencias del recelo sano por el poder, en adición, claro está, a no romper el balance de bien/mal. Y bueno, estaría de pelos saber cómo se manifiesta ese recelo sano. Talvez sería bueno un ejemplo.

  • Leonardo dice:

    Si Humberto tiene razon en la medida de que la libertad se ejerce en el conocimiento (Truman) y que el poder concentrado nos daña (1984), y que la compra parece una decision libre. El miedo a la libertad esta presente en todo esto y se refleja/se genera de que pensar en estas situaciones como ausencias de libertad como en verdad lo son nos lleva como seres libres a negar nuestra propia libertad y alejarnos fanaticamente de cualquier situacion que se les asemeje.

  • Fercho dice:

    Nada mas quiero agregar un pedacito de una de las letras de cancion que mas me gusta:
    “…Miedo al amor, miedo a la Muerte, a la Libertad…”

  • Humberto dice:

    Llámenme loco, pero me parece que el título y temática de este post puede ser peligrosamente similar al de un libro de Erich Fromm. Aunque claro, con ciencia ficción. ;)

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