Entre Caníbales


Hoy me levanté después de una larga noche de vino… Ya era hora de dirigirme al trabajo, me decía el sonido del despertador.

Después de la rutina diaria, caprichosamente tomé jugo de naranja y de repente se me abrió el apetito, no se si culpa de la resaca o porque es normal tener hambre.
Entonces decidí satisfacer mi necesidad, mientras pensaba en los tipos de hambre que podía tener y ahí fue cuando me di cuenta de mi canibalismo.

¡Sí! Leyeron bien, canibalismo. Más allá de Hannibal Lecter… o quizá semejante. No puedo negar que me apasionan los cerebros y últimamente resultan la parte más atractiva para mí.

Bueno, después de esta confesión que puede resultarles macabra, es hora de que me explique. Descubrí mi canibalismo no hace mucho, pero siempre estuvo latente… Hmmm!! No podía evitar ver esas formas, esos gestos, brazos, piernas, labios… que cada vez me llamaban animosamente, trate de controlarme, pues eso es lo que socialmente se espera y lo logré por un tiempo, hasta que tuve que comer… Y fue inevitable…

Una eternidad había estado esperando ese instante, no lo dejé correrse en recuerdos quietos, pues desde ese momento sabía que no podría volver atrás, dejarlo de hacer, vivir sin ello.

Una mezcla de curiosidad, culpa, miedo y dolor comenzó a invadirme, la primera vez, pensé que lo sentiría hasta el fin, como un veneno, hasta que tuve que jadear el nombre de quien me ultimaba. Sí, estaba con otro caníbal… De ojos brillantes, pupilas dilatadas, dientes filosos y con sonrisa ladina el cual, desmenuzaba mi carne y me mostraba como desgarrar la suya, exponiéndome un placer que nunca había experimentado, del cual sabía no podría escapar, ni lograría abandonar en la vida.

Después de esa ocasión, mi necesidad aumentó y debía comer para continuar viviendo. Observando un menú a diario de potenciales platillos humanos, me fui dando cuenta de cual carne me resultaba especialmente apetecible y en que contexto me sentiría más cómoda devorando mi pábulo. Me comenzó a gustar el temor y expectativa que podía crear en mi presa antes de atacar, la aceleración de sus latidos, que poco a poco produce ese néctar que calma mi sed y me dice que es hora de llegar hasta el extremo.

Una infinitud esperé ese momento, una eternidad lo sigo esperando y probablemente lo espere durante toda mi vida, ese momento donde mi sentidos se aguzan en la espera de otro banquete.

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