Lugares Lejanos

5 agosto, 2008 1 comentario

Planisferio: 1660

Existe, hasta donde entiendo, únicamente cinco formas diferentes de percibir el mundo: son cinco los sentidos del hombre. Todas las experiencias vienen de las impresiones causadas en uno o más de esos cinco sentidos, y aún más importante, de la interpretación que en nuestra mente se haga de esas impresiones. Inicialmente, las experiencias son eventos reales, que existen y resuenan en el mundo, pero con el tiempo, llegan a convertirse en poco más que imágenes que se desfiguran en la memoria. Con el paso de los años, lo que logró ser una aguda percepción sensorial termina siendo una noción borrosa de lo que alguna vez sucedió.

La mayor parte de la gente, sin embargo, está familiarizada con el proceso anterior, y de cierta manera, a la hora de ir formando sus recuerdos, edita en favor de aquello que puede considerarse como digno de mayor atención. Una persona puede no recordar en absoluto cuál fue su desayuno hace treinta días, pero tener en cambio un recuerdo detallado de su primer día en la escuela. A esto se puede agregar la costumbre de registrar en medios más o menos fijos (fotografías, grabaciones, blogs), los sucesos notables de nuestras vidas.

A la larga, los recuerdos no son más que resúmenes, condensados de eventos que pierden toda clase de detalles, y que a pesar de haber sido experimentados con los cinco sentidos, suelen almacenarse en aquellos más fácilmente registrables, como pueden ser la visión y el sonido. Son a la vez ideas, y sufren pequeñas deformaciones, producto en igual medida de la imaginación y de las muchas limitaciones de la memoria.

Pero esto tiene cierto parecido con algo más. ¿Saben ustedes qué otra cosa es una interpretación relativamente poco detallada de la realidad, pasada por el filtro de alguna mente y presentada en audio y video?

El cine.

Pero, si el cine es como la memoria, y las películas como los recuerdos, ¿No sería posible sustituir uno por otro? ¿No podría clasificarse como eventos de nuestra vida todo cuanto sucede dentro de la pantalla, si al fin y al cabo termina pareciéndose tanto a lo que sucede en el mundo exterior? A algunos les parecerá una idea peligrosa —pues confunde fantasía y realidad, etc, etc— pero yo estoy convencido de que es posible, y aún más, en muchos casos deseable. Si las experiencias pueden venir de lugares ajenos al entorno inmediato, es posible llegar a conocer y disfrutar un mundo mucho más amplio. Yo argumentaría, por ejemplo, que en comparación con alguien que viviera hace un siglo, nosotros podemos conocer el planeta entero (la luna inclusive); hemos visto más de cerca a los leones en estado natural que el inglés bigotudo que iba de safari hace 100 años; conocemos también la belleza de la Cuidad Prohibida, el fondo de las fosas marinas y la aurora en ambos polos. Digan lo que digan, el mundo está al alcance de la mano.

Menciono todo esto porque durante los próximos meses iré de viaje por varias naciones del continente europeo, y mi preparación consistió casi exclusivamente en ver películas ambientadas en los lugares que planeo visitar; para ponerlo de otra forma: en crear recuerdos de lugares en los que nunca he estado. La experiencia me dejó bastante seguro de que para quien tenga perspectivas de viajar, o para quien no pueda hacerlo del todo, esta es la mejor manera de experimentar el mundo, y es por esto mismo que durante los próximos meses estaré publicando una serie de listas de películas recomendadas, enmarcadas en ciudades o ubicaciones específicas, para quien tenga interés en explorar el mundo, y crear sus propios recuerdos de lugares lejanos.

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