Como la primera mujer Parte I

6 octubre, 2008 0 comentarios

Cuenta la antigua historia, que Adán se encontraba solo en el paraíso, su padre le encomendó la tarea de darles nombre a todos los animales. Todos ellos, de dos en dos, desfilaban frente al primer hombre, sin embargo, Adán no dejaba de sentir envidia por ellos.
Adán, entregándose de manera lasciva a la bestialidad, probo una a una todas las hembras del paraíso, no obstante, llamó a su padre, y al cielo en un llanto gutural exclamo: -PADRE!, PADRE!- seguidamente, Adán, de rodillas al suelo, abrazaba sus manos una con otra, mientras lloraba con ese sonido gutural, trascendental pero efímero, hacemos todos los hombre que alguna vez hemos derramada una lágrima.
- por que no me escuchas padre…-, el cielo se abrió, Adán intentó mirarlo de frente, sin embargo el dolor provocado por la luz hizo arder sus ojos…. Desmayó.

Al abrir sus ojos, encontró una figura frente a él, una figura como él, perfecta, pero imposible de admirar por más de unos segundos; una voz tenue y melodiosa llegó hasta sus oídos: – Adán, por que me has llamado, si bien sabes que mi mundo no esta en este reino-. Padre- contestó Adán- padre, me siento solo, has hecho una pareja para cada uno de ellos, y sin embargo, no hay nada aquí para mi, nada más que tu. El padre, desato en ira por las palabras ingratas de Adán, sin embargo, no tardo en sentirse conmovido a la vez por estas. Adán durmió, y al abrir los ojos, observó ahora no misma figura, diferente, pero la misma a la vez. El hombre, tenía la primera mujer, pero no solo parte de él, era también parte de su padre.
Adán era ahora feliz, tenía, a su complemento, nuestra madre… Lilith…

Lilith, llena de gracia como la primera, con esa aura de ingenuidad, pero gran perspicacia, era lo que Adán deseaba. Adán sin poder enfrentar sus deseos lascivos, lanzose de manera desenfrenada al objeto de su pasión, la tiró al suelo y trato de profanar su vientre; nuestra madre, mitad efímera, mitad etérea, lo apartó con su gran fortaleza, firmemente, gentilmente.

- por qué he de subyugarme ante ti?- preguntó de manera afanosa, – por que he de entregarme a ti de tal forma, por que he de aceptarlo todo según tus palabras?-, ella sabía que no era su igual, ella conocía plenamente su divinidad, ella quería decidir, ella quería ser algo más que una tonta amante, ella quería ser más que tan solo una compañera.

-PADRE!!- Exclamó Adán a los cielos, -Mira lo que mi compañera ha hecho!, me has dado un ser que no se subyuga ante mi, mi grandeza-. Su padre, lleno de odio por su creación, apuntó con su dedo a nuestra madre, y de manera violenta la expulsó del paraíso, donde vagaría por miles de años hasta encontrarlo a él.

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