Ping, Pang, Pong! Turandot y unos pensamientos en voz alta

25 febrero, 2009 0 comentarios

Bailando en la oscuridad del universo

Bueno, hay ocasiones en las cuales se deben tomar las cosas por el lado cómico porque de otra forma si se tornan muy serias, se pierde entonces el interés del lector, del interlocutor o del espectador según se quiera ver.

Ping, Pang, Pong! Estos tres personajes son por ello los más sobresalientes –chistosos- de la Ópera Turandot. Son tres ministros encargados de burlarse de diversas maneras de los sentimientos del príncipe Calaf, -príncipe que se enamora locamente de Turandot, con sólo verla-. Sin ánimo alguno de esconder su sentimiento hacia la princesa, Ping, dice que Turandot no es más que una mujer como las otras y que no merece la pena arriesgarse por ella. Ya que su suerte será la misma que la de los otros pretendientes  (pienso).

Ping, Pang y Pong  son los encargados de hacer los preparativos necesarios para esponsales o para un funeral según sea el resultado de la adivinanza de los tres acertijos. Esta responsabilidad los impacta personalmente y los vemos reflexionar al respecto. Mientras Ping recuerda su casa junto al lago de Homan; Pang sus bosques de Tsiang, y Pong su jardín en Kiu, piensan en los innumerables pretendientes de Turandot que han sido ejecutados. Imaginándose lo felices que serían si llegara el momento en que tuviesen que preparar un lecho nupcial en vez de un cadalso para la ejecución (pienso… ¿valdrá la pena arriesgarse así?)

Ping, Pang y Pong se proponen, más adelante en la obra,  lograr que el príncipe se olvide de Turandot y para ello le ofrecen mancebas, joyas y cofres de oro. Calaf (quien para este momento ya besó a la dama de hielo), sigue a pesar de las ofertas, firme en su pretensión ( pero, ¿qué es lo que tiene diferente? ¿será ese aire presumido… eso que no me hace descifrarlo aún? Sólo le pediré que se suelte y que cierre los ojos… )

Hacia el final se nos hace dudar y por tanto pensar que la malvada Turandot enviará al príncipe nómada a la muerte con el brutal Pu-Tin-Pao –el verdugo-. Sin embargo, luego de descubrir su nombre ante el pueblo de Pekín, la gélida princesa fundida por la firmeza y fogosidad de Calaf, sólo puede decir que su nombre es: ¡Amor! (ya me duele la espalda… después de tres horas, no descifré si la mujer del balcón del primer piso era calva…es necesaria una copa de vino rojo)

La historia trae consigo un gran romanticismo, ayudado quizás, por un príncipe excelso y letrado, quien nos recuerda que aunque el riesgo sea grande si estamos preparados a tal punto de mantener una cabeza fría podremos salir avante (el acorazado de la princesa, quizá no habría cedido sin tal muestra de virtudes). Originalmente en el poema de Nezami –autor de Turandot- se muestra que en el universo, a pesar de ser una perversa inmensidad hecha de ausencia, uno no está en casi ninguna parte.  Sino en medio de las infinitas desolaciones, en donde, hay una buena noticia: el amor. (… y yo en un rapto de arbitrariedad ya hice una lista mental de cualidades, aunque -a priori- esto puede parecer absurdo, jaja sólo imagino mi cara en los secuestros que me he hecho hoy por estos pensamientos… me pierdo en ellos hasta que creo que ya nos vamos… y el resultado: creo que la historia nos queda  corta, sólo con este día…)

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