
¡Cuán complicado es sacar a la gente de su campo de pensamiento! Hace tan solo unos días escuchaba a un filósofo hablar sobre algo así como The Matrix. El tipo estaba entusiasmadísimo como toda persona que siente en su pequeño corazoncito que está diciendo las cuatro verdades del mundo y era por tanto bastante interesante de escuchar. Sus interlocutores eran gente de esos universitarios que se acaban de leer un libro y tienen mucho que decir al respecto. Por supuesto, su plática era fluida y elaborada. Habrá quienes inclusive ocuparíamos un diccionario para seguirles sus palabras bellas y engalanadas todas, un verdadero despliegue de cultura. Casualmente había un muchacho que debo asumir acababa de leer El Capital y entonces tenía las formas más interesantes y particulares de relacionar absolutamente todo lo dicho con sus nuevas y bellas nociones del mundo. Claro que entendía lo que hacía, entonces se disculpaba en numerosas ocasiones ante los presentes, diciendo que si pareciera que sus ideas eran demasiado socialistas (no sin amablemente recordarnos que el verdadero comunismo nunca se había logrado) comprendieran que él no representaba en ningún nivel sus palabras. Ellas eran tan solo un hecho más de la vida y él era tan solo un puente para que nosotros tuviéramos un fresca visión de lo que el filósofo intentaba transmitir pero visto por otro ojos.
Dentro de este peculiar grupo estaba una incrédula y visiblemente inculta señorita que se encargaba de lanzar insensatas preguntas dirigidas hacia el filósofo. Por supuesto el filosofo no tomaba el tiempo para responder ninguna de ellas. Las preguntas tenían consigo unas dudas que sin objeción posible eran producto de alguna incapacidad auditiva de la joven y por tanto el filósofo muy amablemente se encargaba de repetirle lo que ella parecía no haber captado la primera vez, ni la segunda y debo asumir que por allí de la quinta o la sexta ya entendió porque las preguntas hallaron su fin. Situación ante la cual juraría que los ojos del filósofo se iluminaron y sintió que su razón de ser en este mundo se había dado en ese momento. Aunque sea un pedacito de su vasta sabiduría formaba ya parte de esa pobre niña sin conocimiento.
Tiempo después, -hacia lo que interpreté como el final de la plática- se mencionaron unos conceptos de la filosofía clásica que me llamaron la atención. La razón de ese especial interés se debió a que al ser dichas por el filósofo daba la impresión que todo lo que hay que conocer sobre el mundo hubiera sido resuelto por los antiguos griegos. De allí que quise entonces entrometerme en un dialogo que aunque ajeno ya lo sentía como propio y pregunté lo que toda persona que le gusta el conocimiento aplicado podría preguntar. ¿Y la física moderna qué? ¿Qué tanto ha impactado la física moderna el pensamiento filosófico? Mi curiosidad provenía de las ansias de saber cómo ese conocimiento, que tanto impacto tiene sobre la ingeniería, impacta el nivel superior de conocimiento: el de las ideas. Quería escuchar de este hombre ilustre esa parte moderna de las ideas que nos guardaba con recelo. Y su respuesta fue para mi asombro: “la física cuántica que se da como la máxima expresión de la física… no es otra cosa que repetir lo ya dicho por los antiguos”. Pueden creerlo, hemos sabido todo eso que cambió nuestro mundo por ya miles de años y nadie se había molestado en utilizarlo!
Esa actitud del filósofo es bien conocida por todos. Primero, cree poseer la verdad y la promulga con fe ciega, solo le faltaría terminar sus oraciones con el conocido ritual católico “… palabra de Dios”. Luego aunque su profesión proclama ser amante del conocimiento pareciera que lo único que quiere es que la gente guarde en su corazón esa plática con él y por ella halle su propio amor por el conocimiento. En su conocer se pierde de la forma en que las personas accesan a ese conocimiento. No es que debería humillar a los muchachos que creen saber algo por haber leído recientemente un libro, pero al menos debiera de sugerirles que ese libro no es ni el principio ni el fin del pensamiento humano. En vez de solo darles palmaditas por apoyar sus ideas del día. Además a la muchacha que aunque ignorante era por el contrario la persona más abierta a aprender algo de él debió haberle llevado a un hilo de pensamiento más astuto. Además, esas preguntas esgrimidas por la muchacha pudieron haber tenido unas respuestas interesantes y dado cabida al enriquecimiento de la plática. Inclusive un entendido de la filosofía debería de estar al tanto de que la filosofía misma nace de interrogarse, de no tomar por cierto lo dicho, de exponer sus propias nociones a la crítica, en fin de pensar.
Por último el mundo de las ideas es tan abstracto que pensar que ellas son el principio y el fin de todo es, a pesar de cierto, una simplificación absurda de la realidad. Pues sería negar que las ideas primero dan paso a la acción, y luego de la acción sirven para explicar la conclusión. Es decir la noción del átomo griego llevó a la humanidad a emprender su búsqueda y ahora que se puede trabajar empíricamente a este nivel, sus resultados rallan con el nivel filosófico: en sus nociones de la probabilidad y la incertidumbre. De ahí que pensar que todo ya está dicho es una visión simplista y propia de personas que aunque entienden (quizás) el conocimiento, no comprenden el flujo de éste en sus diferentes niveles.
Le ha dado al clavo, el flujo del conocimiento en la historia suele escapar hasta de las mentes más brillantes. Es sin duda algo típico de quienes sabemos una o dos cosas creer que tenemos la última palabra… Muy bien leo, siempre un placer leerlo.
Gracias Don Luis. Espero vaya leyendo la serie de estos posts que voy a ir escribiendo ilustrados con ejemplos como este donde se retrata justo esta vision que nos ciega a todos en nuestro nivel de abstraccion del conocimiento.
Leo lo invito a pasar un rato por http://revista-amauta.org es una revista web independiente, la trabajo con un par de amigos periodistas y la idea es ir “capturando” gente que escribe. Ahí espero comentarios.