
Roma es una ciudad muy particular. No es la más antígua del mundo, pero es la mejor preservada desde tiempos de la antigüedad. No es tampoco la más importante del mundo —o de Europa siquiera—, pero alguna vez todos los caminos llevaban allí. Pasearse hoy en día por Roma es acompañarse de la historia. Cada calle tiene un milenio, cada esquina un monumento. Hay también, sin embargo, bajo cada semáforo una Vespa.
De una ciudad que fuera como Roma el centro del universo, es posible encontrar una infinidad de películas. La Semana Santa nos recuerda los Espartacos o Ben-Hurs que tienen lugar ahí, pero para esta lista quise ser más representativo y, por supuesto, más actual, de manera que se pueda apreciar la ciudad como es hoy.
Continuando la serie, 5 películas en Roma:
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(William Wyler; 1953). Mucho antes de que argumentos como el de la princesa que decide hacerse pasar por plebeya para experimentar el mundo “como el resto de nosotros”, o el de ser un turista en Roma fueran clichés, estuvo Roman Holiday. Pero aún después de una vida de cinismo, el romance sublimado entre Audrey Hepburn y Gregory Peck llega directo al corazón. ¿Y cómo no iba a lograrlo, luego de un paseo en motocicleta por la ciudad, una fiesta navegando por el Tíber, o un momento inolvidable en la Basílica de Santa Maria in Cosmedin? |
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(Vittorio De Sica; 1952). Una película con un nombre fuerte, varonil, un nombre para respetar, y para amar —y bueno, una D. En esta joya neorealista conocemos las penurias cotidianas de Umberto Ferrari, un viejo de mirada expresiva como un violín. La pensión de Umberto no le alcanza para vivir, mucho menos para mantener al perro que es su mejor amigo, o ayudar a la criada que es la única persona que se preocupa por él. Sin embargo, es un hombre ingenioso, que aún en tiempos duros mantiene su dignidad, y se las arreglará como sea posible. Sus dificultades podrán generarnos lástima, pero el espíritu de este hombre es resistente, como el de la Roma de posguerra que lo alberga. |
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(Federico Fellini; 1960). 7 noches y 7 días. 7 episodios en 7 colinas. La Dolce Vita retrata el intento de Marcello Mastroianni de encontrar la felicidad en la vida moralmente vacía de los ricos y famosos. Y Roma es protagonista (Me gusta la ciudad, dice Mastroianni, porque es como una jungla). La película inicia con sobrevuelo al Vaticano —donde más tarde Mastroianni perderá figurativamente la cabeza— y se desarrolla principalmente en el ambiente de Jet Set de la Via Veneto. Hay desvíos a las áreas residenciales de la EUR, y a auntíguos palacios en las afueras de la ciudad (con antíguos aristócratas incluídos). Hay también vistazos a los monumentos, como el Coliseo que se aprecia desde la ventana del apartamento de Alain Cuny, o la Fontana di Trevi donde Anita Ekberg se volvería icónica. |
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(Gabriele Muccino; 2001). Stefano Accorsi se acerca a los 30. Su compañera de varios años está embarazada y sus amigos se están casando uno por uno. Para quien se ve a sí mismo como un eterno adolescente, todas estas son pésimas noticias. Accorsi se debate entonces entre volver la mirada a mujeres más jóvenes o acompañar a sus amigos en un viaje a África. La más actual de las entradas es una que quizá no resalta tanto la influencia de Roma en los romanos, pero muestra cómo es la vida actual en una ciudad “eterna”. Ahí, uno discute con su novia, o fantasea con sus amigos en colinas y lagos históricos. Y sin embargo, los conflictos son como en todo el mundo. |
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(Peter Greenaway; 1987). Brian Dennehy —en la mejor interpretación de su vida— es un arquitecto invitado a Roma para dirigir una exposición sobre la obra de Étienne-Louis Boullée, un colega suyo que dos siglos atrás dejó su huella en la ciudad. A Dennehy e aquejan dolores estomacales de origen desconocido, pero ese no es el mayor de sus problemas. The Belly of an Architect es una historia que toca los temas gemelos de las innumerables vidas y obras que constituyen la historia de una ciudad tan antígua como Roma, y los ecos de esas vidas en sus habitantes modernos, que experimentan las mismas vicisitudes humanas, generación tras generación. Peter Greenaway dirige con un ojo de asombro a la monumental arquitectura romana, y Wim Merten aporta música apropiadamente majestuosa. |
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¿Entonces es la H inicial la que pussyfica su nombre?
no solo el nombre…
Después de leer estas sugerencias, no pude de dejar de pensar en el Titanic… Un aspecto histórico relevante mezclado con una historia de amor, que termina por arruinar o disminuir la importancia de dicho evento, en este caso de la ciudad.
Si bien es cierto son películas entretenidas y se pasa el rato…
Es un viejo truco de manipulación en las películas. Venimos por el evento, pero nos quedamos por la gente. Sin embargo, no se trata únicamente de disminuir el evento, sino de ponerlo en (hasta cierto punto egoista) perspectiva.
Puede ser… coincido en que sea un truco de manipulación del que quizá no tengo gran fanatismo, prefiero que la historia me lleve al punto de olvidar la importancia de cualquier otro elemento, digamos Casablanca, a quién le importa la ciudad marroquí??? Interesantes estos posts, creo que voy a tener que seguirlos chequeando. Bien!