I. Los sueños y nuestras ilusiones
Cuando niños, cuando jóvenes, y en general cuando queda en nosotros un rincón de inocencia, particularmente en nuestros corazones, nos generamos sueños e ilusiones. Éstos, a diferencia de los de la gente con experiencia, no sólo los tenemos en el ámbito de nuestra mente sino que de hecho hacemos y deshacemos para llegar a transfigurarlos en nuestra realidad. Es un bello arte éste de los sueños y sin duda nunca le recomendaría a nadie que lo dejara de hacer. Sin embargo, sí debo advertirles a los soñadores, quienes aún quedan por allí, las consecuencias de esto.
Primero que todo, los sueños, como todos sabemos, nacen de nuestro imaginario, en donde les damos vida y los llevamos al punto encontrar en ellos el cáliz sagrado de la satisfacción de nuestro ego. Sin embargo, al transfigurarlos a la realidad resultan ser engañosos tan solo por el hecho mismo de haber nacido en un mundo con reglas diferentes; así como ocurre a su vez con las palabras que esgrimimos en el día a día. Recuerden lectores esos momentos en que en medio de una conversación pensamos decir algo importante o tan solo adecuado, pero a la hora de decirlo nos damos cuenta de la mala idea que era; o la mala idea que era decirlo; o lo mal que expresa lo que realmente queríamos decir. De una forma similar funcionan los sueños, en nuestra mente son una maravilla, empero en la práctica resulta ser que no lo son.
La razón de esto brota de que en lugar de vivir la vida y vitalizarla con nuestros sueños, nos concentramos en ver una realidad paralela en la cual para poder llevar a término algo, que para empezar no sabemos siquiera si pudiera ser; vemos un bello mundo holográgico en lugar de la situación real. Bebemos a nuestras anchas del vaso vacío de nuestra ilusión y nos regocijamos de encontrar cual exploradores lo que nadie más pudo ver.
A esto le añadimos otro matiz más, el cual se da cuando los sueños involucran nuestro propio beneficio: nuestra propia felicidad. En este caso, tienden a ser este subconjunto de sueños mucho más propenso aún a dejarnos sin nada. Veámoslo de la forma inversa, un sueño altruista o de exploración es una ilusión cuyos resultados son la felicidad de otros o un nuevo conocimiento para la humanidad. Aunque estos traigan objetivos inherentes como la fama y la fortuna, al menos si nos desviamos de nuestro objetivo inicial la tristeza no nos tendría por qué apabullar. Porque si buscamos descubrir algo, descubrir otra cosa en el camino no es tan malo o si buscamos ayudar a alguien, ayudarlo de una forma inesperada no nos causará tanto problema. En el peor de los casos nuestra contribución será la de descartar una solución o una forma de ayudar.
Por el contrario este problema sí nos surge de obtener resultados alternativos a nuestros sueños de felicidad personal. Por ejemplo que la relación perfecta que creíamos tener no era un cuento de hadas y la persona con quien convivimos no es un ángel sino una persona de carne y hueso con errores, irracionalidades, odios, indiferencias y deseos ulteriores. En cuyo caso aunque podamos pensar algo como “pero tuvimos unos momentos de ensueño” o “alguna vez el amor fue real” o “criamos a unas buenas personas” o “al menos no abortamos a Zoe”, esto no evitará en nosotros el sentido del sueño roto, el de decepción y el más duro de todos el sentimiento de ser culpables, de ser merecedores de la derrota, de ser despreciables, de estar solos. Porque la felicidad es efímera y eso es lo que el sueño en su grandeza deja al fracasar: un vacío, irreconciliable con la irrealidad que nos había rodeado todo ese tiempo y nos habíamos permitido lujuriosamente sentir.
II. La vida es cruel
La razón misma de que seamos en nuestra adultez un grupo de personas con una menor gallardía y temple, en comparación a lo que en nuestra niñez fuimos y quisimos ser, son los sueños rotos de nuestra vida. Nadie piensa realmente que el mundo es triste y cruel porque el mundo es verdaderamente triste o cruel con por ejemplo el 80% de la población africana; o con el 70% de las mujeres musulmanas; o con los afganos por su guerra continua de los últimos 40 años. No, la gente siente la verdadera crueldad en su propia vida en los hechos personalmente tristes como: que su padre está muerto, que su padre es un borracho soñador sin ninguna habilidad conocida, que su amor de colegio no lo quiso por ninguna razón aparente, que su cutis grasoso la hizo tener acné durante la adolescencia, que su madre nunca veló por el bien de nadie sino de sí misma, que su amor extranjero dejó de ser exótico cuando solo quedó la persona, que su buen corazón no es suficiente para llevarlo a ninguna parte, que por más que pueda seducir hasta a las mujeres de sus amigos a la mujer que realmente quiso nunca lo va a querer.
Con todo, estas son razones meramente tristes pero qué tal las cosas que pueden arruinar el día de una persona y hacerle tener largas pláticas al respecto. Esas pequeñas cosas que rayan con lo banal como que: dejaron un plato sin lavar en el fregadero, les hicieron mala cara en el trabajo, no tomaron en cuenta su opinión, no tienen suficiente dinero para comprar una cartera, le regaron un fresco en el asiento del carro, Tila se quedó con Bobby y no con Dani.
En conjunto todas estas cosas se nos unen en nuestras efimerísimas vidas para lograr desgastar nuestros ideales y sueños. Veamos por ejemplo actitudes que agarran un sueño y lo llevan de bruces a su destrucción. La razón por la cual no puedo continuar con el amor de mi vida no soy yo, es que mi papá está muerto, mi mamá está loca y yo me siento solita. La razón para no ser una persona que engrandece al mundo con sus habilidades no soy yo es que entonces no tendría tiempo para ver mis series y películas en donde me puedo regocijar en la grandeza de otros y en saber que yo podría hacerlo también (si quisiera). La razón por la cual ya no soy la persona atlética de mi adolescencia no soy yo, es que una vez me golpeé las rodillas y ya no es lo mismo. La razón por la que no le dije cuánto la amo no soy yo, es que amo mi vida de soltero demasiado. La razón por la que hoy no di lo mejor de mí no soy yo, es que tengo una amiga que esta triste y eso me tiene preocupado.
La mezcla de la razón con nuestros miedos hace que hallemos siempre una excelente y, debo agregar, comprensible razón por la cual nuestros sueños están válidamente rotos. Añádale a la mezcla una vida que a lo sumo va a ser de unos 80 años. Es decir, que para una edad como los 25 nos habremos encausado en algo más de un cuarto de nuestra vida a no solo no soñar sino a destruir cualquier depravación como la felicidad y decidimos una bella y tranquila vida sin vuelos, sin sobresaltos pero sin caídas ni fracasos. Con lo que quedaremos con unos 55 bellos años para lamentarnos de lo mal que nos jugó la vida.

“The dream is over,
What can I say?
The dream is over,
Yesterday,
I was dreamweaver,
But now I’m reborn,
I was the walrus,
But now I’m John,
And so dear friends,
You just have to carry on,
The dream is over. ” John Lennon, 1970
Esto fue cantado por Lennon luego de una década de ilusoria belleza. Yo les escribo al final de mi primer cuarto de siglo el cual estuvo lleno de ilusoria belleza.
Está demasiado bueno, es increíble como usted dice cosas con las cuales uno se indentifica al 100% y tal vez las ha pensado sin nunca pronunciarlas, y otras que uno ha pensado superficialmente pero al verlas expresadas acá cae uno en cuenta de que son 100% ciertas, y lo mejor, nos insta a cambiar nuestras vidas para bien. Demasiado beno el post!!!
[...] Foster. Aún así, quizá estas obsesiones no sean del todo perjudiciales, si nos dan al menos un sueño, una imagen, una idea de la gloria terrenal. Quién [...]