“New Slang” – The Shins

Hay actrices que simplemente actúan. Están también las que son estrellas de cine, reconocidas por cualquiera. Hay además otras que son íconos mundiales. Hay algunas, sin embargo, que alcanzan el estatus de objetos de obsesión: gracias a una combinación inimitable de cualidades se convierten en símbolos, en destilados irresistibles de sensualidad. Son ellas, las representaciones físicas de la monomanía, quienes hacen y deshacen en la mente de pobres diablos como usted y como yo, las barreras entre lo que está bien y lo que está mal, entre la razón y la locura, la fantasía y la realidad.
Obsesiones de este tipo suelen terminar mal: tristemente notorio es por ejemplo el caso de John Hinckley, quien intentó asesinar a Ronald Reagan para impresionar a una adolescente Jodie Foster. Aún así, quizá estas obsesiones no sean del todo perjudiciales, si nos dan al menos un sueño, una imagen, una idea de la gloria terrenal. Quién sabe.
Hace algún tiempo, Janc’z me solicitó un Top 5 de las películas de Natalie Portman (en realidad, fue un topless 5, pero para eso está Google). En ese momento pensé, “¡Finalmente! ¡Voy a poder escribir de un tema en el que sí soy un experto!”, porque —permítanme confesarles— yo también tengo una obsesión. Hace mucho más de una década que he venido siguiendo la carrera de esta chica, viendo sus películas, leyendo sus entrevistas, escuchando sus comentarios, sus teorías, sus opiniones. Hay pocas personas a quienes he admirado tan cuidadosamente ¿Y saben qué? No estoy solo. Natalie Portman es quizá el mayor y más absoluto objeto de obsesión entre hombres occidentales de mi edad. Por todo lo anterior me pareció que un Top 5 sería poco, que haría falta algo más detallado; algo así como un curso introductorio a su obra.
He aquí entonces, la carrera de Natalie Portman, a los ojos de un servidor:
Los Inicios
A inicios de los ’90s, Natalie Hershlag vive en los suburbios de New York con sus padres. Una tarde cualquiera, está comiendo pizza con su familia y es descubierta por un agente artístico, que sin duda ha debido insistir en que “esta jovencita será una estrella”. El mito ha iniciado. Natalie asiste durante el verano al Campamento de Artes Escénicas de Stagedoor Manor, y el resto del año vive la vida de una niña neoyorkina de clase media alta. Eventualmente, llega su gran oportunidad: Luc Besson la contrata para interpretar el que posiblemente sería el mejor papel de la década para una actriz infantil, al lado de Jean Reno y Gary Oldman en Léon.
La película sería un éxito sin precedentes para todos los implicados, pero sobre todo para Natalie, que ahora se daba a conocer bajo el apellido de su abuela. Irresistiblemente vulnerable, cariñosa, y con ligeros acentos de animal salvaje, su Mathilda se roba el show por completo. Este sería el inicio de su ascenso, y de nuestro enamoramiento sin remedio. Pronto, actuaría para directores de la talla de Michael Mann y Woody Allen, con pequeños papeles en las memorables Heat y Everyone Says I Love You. También, conseguiría interpretar papeles importantes en Mars Attacks! y Beautiful Girls.
Para este momento, Natalie empieza a tener problemas personales. Sus apariciones en Léon y Beautiful Girls la encasillan poco a poco en el papel de “Lolita”, la precoz seductora de hombres mayores —incluso le fue ofrecido el rol protagónico en la adaptación de 1997 de la novela de Nabokov. El problema es que muchos de estos hombres mayores la pretendían y la acechaban en la vida real. La familia de Natalie se vio en la necesidad de aislarla un poco, y su calendario de actuación se vació por algunos años. Todo esto terminaría, por supuesto, con George Lucas, Star Wars, y el para entonces misterioso papel que la catapultaría al superestrellato mundial: Padmé Amidala. Una nueva etapa había empezado.
La Era Dorada

Luego del Episodio I de Star Wars, vinieron un par de dramas mediocres, pequeños baches que no vale la pena mencionar. Seguidamente, en el año 2000, otro exilio autoimpuesto, esta vez para ocuparse de sus estudios universitarios. Portman estudiaría psicología en la Universidad de Harvard, uniéndose así al club de las hermosas actrices que adquirieron fama como niñas/objetos de deseo, y fueron luego educadas en una institución prestigiosa. Al club pertenecen también Brooke Shields (Princeton) y la ya mencionada Jodie Foster (Yale).
En estos años, Portman empezaría a expresar dudas sobre su futuro como actriz. Aseguraba que su educación era una clase de ‘experimento’ que quizá le ayudaría a descubrir alguna otra vocación, así como una salvaguarda en caso de querer abandonar el mundo del espectáculo. También en este tiempo se emprezarían a externar sus preocupaciones por el mundo: fue entonces cuando publicó un par de artículos sobre el conflicto en su natal Israel, y cuando se involucró con la fundación microfinanciera FINCA. Sobra decir que esto sólo la hacía más atractiva, especialmente si notamos que lograba mantener un aire casual y juguetón en su proceder cotidiano. El periodista Thomas Moffet, quien la entrevistara por aquel entonces en compañía de George Plimpton, lo resume perfectamente en la siguiente nota:
“Creo que fue ahí cuando me enamoré de ella. Basándome en la poca información que tenía, decidí lo siguiente—que ella subraya sus pasajes favoritos en los libros, que probablemente podría hablar bastante sobre Bob Dylan, y que sería divertido ver buenas películas y malos programas de televisión con ella.”
El periodo entre los Episodios II y III de Star Wars sería el más fructífero de la carrera de Portman. Como me gusta llamarlo: la Era Dorada. Ya en Attack of the Clones se veía la sombra de una belleza madura. Cuando el Anakin Sywalker de Hayden Christensen se ruboriza al encontrarse por primera vez ante la imagen cambiada de Portman, no es el único. Y a partir de ahí las cosas sólo mejorarían.
El primer papel importante de este periodo fue en el teatro. Portman interpretaría a Nina en La Gaviota de Chéjov, en una producción montada por Mike Nichols en el Central Park de New York. Actuarían con ella Kevin Kline, Christopher Walken, Meryl Streep, y Philip Seymour Hoffman. En sus palabras, la experiencia la cambiaría para siempre.
Luego vendrían un par de papeles pequeños, inesperados pero inolvidables. El primero en Cold Mountain, como una viuda de guerra que ayuda a Jude Law en su homérica travesía. El otro, en un cortometraje del alemán Tom Tykwer, que eventualmente iría a parar en la colección Paris, Je t’Aime:
El clímax de esta época de oro es, sin embargo, el devastador uno-dos de Garden State y Closer. En Garden State, Portman epitomizaría a la Manic Pixie Dream Girl, mostrándole a Zach Braff cómo permitirse sentir una vez más. Interpretando un personaje hecho de pura alegría y originalidad, se presenta por medio de The Shins. —Tienes que escuchar esta canción. Te cambiará la vida, lo juro— le dice a Braff. Un cementerio de mascotas y un chapuzón nocturno más tarde, empezamos a creerle. Garden State fue un proyecto pequeño, independiente, un debut directorial, y por tanto algo fuera de lo común para una actriz de su calibre. Fue, sobre todas las cosas, una gratísima sorpresa. Tanto la actuación, como la posterior promoción, e incluso la (recomendada) pista de comentario en el DVD nos muestran un lado de Natalie Portman que hasta ese momento no había sido posible observar: El de la chica común.
Luego vendría el papel que le valdría una nominación al Oscar y un Globo de Oro: La desgarradora interpretación de la desnudista Alice Ayres en la adaptación cinematográfica de Closer. Reuniéndose con Mike Nichols para la culminación de otra seguidilla de éxitos, Portman carga la película a sus espaldas; marca el inicio, el final, y la pauta de la (¿auténtica? ¿vergonzosa?) vulnerabilidad emocional. No se puede olvidar tampoco que esta filmación marca la primera vez que Portman se desnudaría ante las cámaras (las imágenes fueron editadas, pero la intención es palpable en escena).
Desde hace algunos años aseguro que es imposible ver Garden State y Closer una tras otra y no enamorarse perdidamente de la imagen y el talento de Natalie Portman. Hasta ahora no he encontrado quien me demuestre lo contrario. Quien quisiera una introducción rápida al trabajo cinematográfico de esta mujer, más que leer esta sinopsis, debería empezar por ahí.
La Caída
Es triste admitirlo, pero lo bueno no dura para siempre. Luego de una muy buena racha, ha seguido una mala. Los últimos años han visto a Natalie Portman no sólo en las peores películas de su carrera, sino en películas que podrían considerarse entre las peores de la década, como Mr. Magorium’s Wonder Emporium y The Other Boleyn Girl. Hace poco vimos también a nuestra querida Natalie perder la cabellera para aparecer en una mala adaptación de Alan Moore, y desfigurarse artificiosamente en manos de Milos Forman.
Los éxitos en los últimos años han sido pequeños, y contados. Tenemos primero —y principalmente— el cortometraje de Wes Anderson Hotel Chevalier. Elaborado y delicado como todo lo que hace Anderson, fue originalmente notorio por la breve desnudez de Portman, aunque la verdad es que cada momento que ella está en pantalla vale inmensamente la pena. En segundo lugar está My Blueberry Nights de Wong Kar-Wai, en donde Portman acompaña a Norah Jones en un viaje por el desierto, y le enseña unas cuantas cosas de camino.
Tengo toda la esperanza de que este periodo oscuro termine pronto, y tengo motivos para ser optimista. Los próximos proyectos de Portman son su estreno como directora y una película de Jim Sheridan.
En todo caso, hay otras cosas para resaltar en estos últimos años. Para algunos será una buena noticia el hecho de que a Natalie le gustan los hombres latinoamericanos: estuvo involucrada por un tiempo con Gael García Bernal, y más recientemente mantuvo una relación con Devendra Banhart, con quien trabajó en este videoclip:
El contacto con Banhart ocurrió cuando Portman estaba compilando un álbum caritativo con música original de artistas como Banhart, Norah Jones, M. Ward, Beirut, y por supuesto, The Shins. Pero, hablando de videoclips, Natalie apareció también en este otro, dirigido por Michel Gondry:
Por último, quisiera incluir una canción que se haría conocida en Saturday Night Live, en uno de sus ya clásicos cortos digitales:
Excelente Humberto!! Sinceramente, y a pesar de mi obsesión por ella, no conocía tanto de su carrera y todavía hay unas cuantas pelis que no he visto y que ahora sé que debo ver.
Esta mae es especial sin duda alguna, de esas mujeres que nos quitan el aliento al caminar, al hablar, al actuar o simplemente al estar frente a uno…
Pero bueno, luego de tanto despliegue de arte, después de haber aprendido tanto con tus palabras, sólo me queda decir, y donde está mi Natalie’s Topless 5!? Jaja.
Obsesión por Natalie Portman…? Jamás había eschado de tal cosa?
(love you Natalie)
ya es hora de actualisaciones, CISNE NEGRO.