Era tarde ya…

Era tarde ya; se decía Diego mientras miraba su muñeca desnuda, había pasado demasiado esperando por el tren con ellos. En su mano, el último cigarrillo de su vida, por lo cual, no lo encendía aún. Este sería el último cigarrillo de su vida, compraría otra cajetilla, con el único fin de tener ese último en las manos por un poco de tiempo más.
Mientras cruzaba la calle la atisbó a lo lejos, sus ojos, sus cejas gruesas y ligeramente fruncidas, lo estudiaban con recelo. Diego toma asiento frente a ella, formula una sonrisa y recuesta sus codos en la vieja mesa de madera, la mira a los ojos. Mientras él buscaba las palabras exactas en su mente, ella ya había encontrado las indicadas para esta ocasión.
- Nunca más-
- Nunca más esperaré por ti-
Cual si fuera un cuervo en la oscuridad, emitía esta maldición. Que esperaba de él? Esta era su vida, esta era su naturaleza.
-Perdón, no volveré a demorarme-
- Es tarde ya, las palabras no tienen ningún significado y no esperaré a que decidas el momento-
No se refería a su llegada tardía ese día, estaba cansada;
- Jamás has dicho que me amas-
- Ni lo haré- Diego respondió.
Alguna vez se lo había recriminado. –Los hombres no hablan de esa forma – dijo mientras miraban una película juntos. Ella no comprendía.
Los hombres si sentimos esas cosas, si decimos esas cosas, pero una vez han sido pronunciadas, pierden todo sentido.
Que fuerza tiene un te amo frente a una lágrima? A un abrazo? A un beso apasionado?
Que significado tiene un te amo?
Ella simplemente no comprendía.
Él la amaba… a su manera.
Pero era tarde ya…


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