Lección de Economía No. 3: El Dinero y el Valor de las Cosas

El Dinero

—Mi maestra dice que la belleza está por dentro.
—Eso es sólo algo que dice la gente fea.

Este es mi intercambio favorito en Liar Liar. Probablemente uno de mis favoritos en cualquier película. Es uno de esos momentos que debería ser puesto en camisetas y enseñado en las escuelas. Porque en una película que trata sobre verdades incómodas, esta es la más incómoda de todas. En apenas un par de oraciones se resumen la disatisfacción del hombre, la forma en la que todos quieren ser amados por lo que tienen, y la necesidad de crear estándares de valor contra los cuales medirnos. No obstante, la mayoría de la gente lo descarta como uno de los tantos chistes de Jim Carrey.

Por supuesto, la gente físicamente hermosa no tiene porqué aceptar que la belleza está en el interior. Claramente la gente fea necesita creerlo. Y así pasa con otra serie de valores, enaltecidos por quienes los tienen—o los desean—, y desacreditados por quienes no pueden aspirar a alcanzarlos. Varias características humanas, como por ejemplo la humildad y el orgullo, la castidad y la sensualidad, llegan a tener al mismo tiempo muchos defensores y muchos enemigos, con la balanza inclinándose generalmente del lado en el que más personas se sientan—o quisieran sentirse—representadas.

Hay uno de estos valores del cual, en particular, me gustaría hablar: La Pobreza.

Es un lugar común en la sociedad de hoy en día menospreciar a los ricos y exaltar a los pobres. Hoy en día se considera poco menos que inmoral juzgar el valor de un hombre por el tamaño de su cuenta bancaria. ¿Y por qué no? Los ricos son relativamente pocos. A una gran mayoría de la gente le valdría más identificarse con el grupo de los pobres que con el de los ricos. A una mayoría de la gente le conviene más medir su valor como seres humanos no por la magnitud de sus riquezas materiales, sino por otro grupo de características, como lo son la inteligencia, el conocimiento, la amabilidad, el amor de otros, la bondad de su corazón, la introspección espiritual, e incluso la ya mencionada belleza. Por lo general, las personas buscarán características en las que se consideren aventajados.

A causa de lo anterior, es muy común que se olvide la capacidad que tiene el dinero de servir como unidad de medida y medio de intercambio.

El dinero en sí no tiene valor; sólo vale en términos de lo que puede comprar, que es a su vez virtualmente lo que sea. Como nos recuerda Borges en El Zahir:

El dinero es abstracto, repetí, el dinero es tiempo futuro. Puede ser una tarde en las afueras, puede ser música de Brams, puede ser mapas, puede ser ajedrez, puede ser café, puede ser las palabras de Epicteto, que enseñan el desprecio del oro; es un Proteo más versátil que el de la isla de Pharos.

El dinero vale en términos de lo que puede comprar, eso es evidente. Lo que no es tan evidente es que la forma en que se utiliza el dinero implica un intercambio de un tipo de riqueza por otra. Estos intercambios suceden todo el tiempo, e incluso cuando los intercambios no involucran dinero, podrían medirse en dinero.

Para entender esto basta imaginar un hombre cualquiera. Cuando este hombre trabaja, recibe dinero, pero entrega a cambio su tiempo, su esfuerzo, el sudor de su frente. El hombre comprará su almuerzo con ese dinero. Así, podría decirse que el hombre está intercambiando su tiempo por comida. Es posible incluso medir cuántas horas de su tiempo está dispuesto a entregar este hombre a cambio de un almuerzo; es decir, podría medirse el valor que tiene este plato de comida no sólo en dinero, sino en tiempo y esfuerzo. Existe la posibilidad de que este hombre—un poco confundido—alegue que hay cosas que le importan más que el dinero (y por tanto más que el plato de comida), pero el hecho de que haya aceptado un pago por dejar a un lado por un rato esas cosas demuestra que esto no es exactamente el caso.

El tiempo de este hombre tiene un valor que puede fácilmente ser expresado en bienes, o en dinero. Si el hombre decidiera hacer cualquier otra cosa con su tiempo—tomar café con sus amigos, por ejemplo—podría también decirse que ese tiempo tiene un valor expresado en bienes, o en dinero. Visto de este modo, el hombre está pagando por sus amistades. El hombre está transformando su riqueza de tiempo en una riqueza social, distinta a la riqueza material que fue expresada más arriba.

Las riquezas son intercambiables. Así, el tiempo se puede convertir en bienes, en conocimiento, en cultura, en amistades, en favor de Dios, y es posible incluso poner un valor monetario a cada una de estas, pues en el más puro de los sentidos, el tiempo es dinero. El dinero sólo facilita la cuantificación de estos valores tan distintos, y la tasa a la que los intercambios entre estos se llevarán a cabo.

Todo lo que cuesta tiene un valor, y todo lo que se desea tiene un valor. El dinero es la mejor forma que tenemos de medir el valor. Cuando la gente dice “el dinero no es lo que importa” se mezclan la mentira y la verdad. Puede erradamente quererse expresar que existen otros valores más nobles que el dinero; valores elevados que no pueden ser alcanzados por un simple intercambio de monedas y billetes. O se puede querer decir algo más preciso: que el dinero es sólo un símbolo, un medio de cambio y de medida, intrínsecamente insignificante; que el dinero no importa, pero nos puede hablar de la importancia de todas las cosas.

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3 Respuestas para “Lección de Economía No. 3: El Dinero y el Valor de las Cosas”

  1. Creo que se están simplificando mucho las cosas y se están dejando por fuera un montón de variables que entran en el trabajo, que no sirve solamente para la remuneración (aunque sea el aspecto más importante), creo que la economía es tan complicada por eso, por las muchas variables que se dejan por fuera al hacer estimaciones.
    Yo me he dado cuenta de que el trabajo además de remunerarte te hace NO gastar los días que trabajas, me pasa que los fines de semana gasto mucho solo porque no me mantengo ocupado en otra cosa, a diferencia de cuando trabajo, además el trabajo te mantiene entretenido hasta cierto punto, te hace crecer y sentirte útil, en algunos casos respetado, aprendes cosas nuevas e interesantes, conoces gente nueva e interesante (algunos de ellos se convierten en amigos), en resumen, en la ecuación no puede sólo meterse el salario porque el trabajo te da más cosas que tal vez no sean tan fácilmente cuantificables pero que muchos trabajadores aprecian (y créanme que me faltaron muchas más en la lista).

  2. Precisamente hay muchas otras ganancias que se obtienen del trabajo, y muchos otros costes que se tienen cuando no se trabaja. Mi intención era sólo que quedara la idea básica de que todas esas muchas ganancias y costes pueden medirse en dinero, si se deja atrás la ceguera a la similitud entre las mediciones en dinero y en “especie”. ¿Que el trabajo lo hace a uno sentirse útil? Se está invirtiendo tiempo y esfuerzo en esa sensación de utilidad. ¿Que le genera respeto? Se está invirtiendo en eso también. ¿Que le mantiene entretenido? Si el trabajo no tuviera todos esos beneficios, las personas demandarían un salario aún mayor.

    Los gastos adicionales que se hacen los fines de semana, por ejemplo, refuerzan el punto: Si uno gasta cuando tiene la oportunidad, lo hace en cosas que le generan algún placer o beneficio, y lo hace por esta razón únicamente. Si los días que uno trabaja se ve impedido de realizar gastos en actividades placenteras o beneficiosas, eso es un costo del trabajo, no una “ventaja”. Se trabaja justamente para tener los medios para gastar en este tipo de cosas.

  3. Sobre lo último “Se trabaja justamente para tener los medios para gastar en este tipo de cosas” creo que es más complejo, me ha ocurrido que gasto fines de semana de una manera poco inteligente y en cosas poco importantes, no tanto porque busco ese placer desde un inicio, sino porque el aburrimiento y la aburrida vida en casa me llevan a ello, yo veo que en resumen pasa así: en casa solvento ese “quitarme el aburrimiento” gastando en cosas innecesarias, en el trabajo lo hago trabajando y sin gastar, ambos con el mismo resultado pero en el segundo caso gastando menos y pudiendo ahorrar para cosas realmente importantes. Tal vez puede ser que esto solo me haya ocurrido a mí, no lo sé.

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