Elecciones 2010: Laura y la independencia política

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Laura Chinchilla es vista, en alguna medida, como alguien que no calza en la presidencia de Costa Rica. Como aliciente a esta ausencia de sentido de pertenencia, ella es vinculada y mezclada en una sola unidad con su padrino político Oscar Arias. Hay muchos que ven en este vínculo algo positivo por su simpatía hacia Arias y otros que por el contrario les parece aborrecible y una amenaza al orden democrático. Pero todos concuerdan finalmente en que es el futuro gobierno de Chinchilla es inseparable  del actual mandato de Arias. De paso ella no oculta y por el contrario fomenta la noción de que representa la continuidad del que ha sido el gobierno más popular de la historia reciente de Costa Rica, popular, a pesar de generar anticuerpos tan intensos en la oposición.

La forma tan abierta en que este padrinazgo ha sido tratado es, paradójicamente, lo que evita que este sea mal visto por la mayoría de personas que efectivamente expresan que van a votar por la formula liberacionista y de paso es lo que resta fuerza a las denuncias de los sectores de oposición.

Visto de otra forma, la denuncia de que una persona se siente rey y que por ello unge a su sucesor es percibido como menos malo si en la conciencia colectiva ese “rey” es visto como un rey bueno.

Pero volviendo al meollo del asunto, es importante reconocer que a pesar de cualquier mérito político que Laura Chinchilla quiera atribuirse y que efectivamente tiene como ministra y diputada, la razón de ser de su candidatura son el fiasco cometido por su co-vicepresidente Kevin Casas y la corrupción de su colega ministro Fernando Zumbado Jimenez que eran los claros favoritos de Arias para seguir su mandato. Laura Chinchilla es entonces la única en la línea de sucesión que ha logrado mantener un historial limpio como funcionaria pública y sus fallos y desaciertos son atribuibles principalmente a impericia y si quisiéramos su falta de denuncia de actos corruptos podemos atribuírselo a la inocencia de no ver más allá de su propio trabajo.

Pero si aún siendo ciegos ante la posibilidad de que ella sea cómplice silente de lo que la rodea y soñáramos con que es una mujer independiente y capaz de gobernar, dado este escenario, debemos analizar sus consecuencias. Pongamos por ejemplo un tema delicado como una concesión de obra pública, o la fijación de un nuevo impuesto, o una reforma legal o institucional que ocurra durante el gobierno Chinchilla. Digamos que Laura fuera intrínsecamente buena y que la opción que ella prefiriera fuera diferente a la de los Arias y la mejor para el país. Siguiendo con la fantasía imaginemos una mujer fuerte que decide librarse de las ataduras del padrinazgo e impusiera su visión personal. ¿Qué pasaría entonces en Costa Rica?

Me gustaría responder pero como no me gusta ser adivinador ni profeta, recordemos lo que pasó hace ocho años.

Hace ocho años, Rolando Araya Monge estaba en la cúspide de su arrogancia política y se sintió presidente por largos meses, sin embargo, gracias irónicamente a que Ottón Solís le diera la espalda y no apoyara su candidatura en la segunda vuelta, Don Rolando perdió ante un hombre que casi por casualidad fue presidente de Costa Rica. El Dr. Abel Pacheco, un tipo simpático, dicharachero y con la inteligencia que nos gusta llamar de “viejo zorro”, un empresario medio fallido y sin mayor destino que ser un gran abuelo, llegó a la silla presidencial. La razón detrás de este singular hecho es que uno de los hombres con mayor ego y con menor calidez, con ausencia de candidez y menos agradable al gusto por decirlo de alguna forma, encontró eso de lo que él carecía en Abel, su nombre: Luis Fishman. Su lengua bífida logró sacar del retiro al Doctor Pacheco de la televisión y quien de no haber aceptado sería por siempre recordado como una de las personas más agradable y apreciables de la patria costarricense.

El problema para Fishman y para Costa Rica ocurrió como resultado de que el aparentemente manso Dr. Pacheco resultó ser un hombre de carácter y abiertamente cansado de tener encima de él el consejo del hombre pez, a quien él mismo llamaría despreciable y poco apto, lo despidió como vicepresidente y no le asignó labor ni cargo en su gobierno. Esta rebeldía política que llamaremos síndrome Pacheco desencadenó el entrabado de la ya de por sí compleja Asamblea Legislativa costarricense, dejándole a Costa Rica cuatro años con un gobierno que sin ser malo en el sentido siniestro, se podría decir que fue un gobierno fallido. Al punto que el propio Abel terminara buscando el apoyo de sus amigos de tragos, los hermanos Arias.

De ahí, que pensar en la autonomía de Laura no solo es una ilusión bastante fantasiosa sino que no es deseable para Costa Rica. El partido Liberación Nacional es actualmente, para bien o para mal, manejado por los hermanos Arias y su apoyo total es fundamental para el gobierno de Chinchilla. Así como Calderón y Fishman controlaban al Partido Unidad Social Cristiana en su cúspide de poder político durante la administración Pacheco así lo hacen desde Rohrmoser ahora los Arias y esto es tan solo un hecho con el que la política costarricense tiene que vivir y Doña Laura gobernar.

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