
La noche estaba loca
como locas son las mujeres,
no menos loca estaba su amada
porque él había salido
quizá para nunca regresar.
Temprano habían peleado
por diferencias minúsculas
quizá mayúsculas,
diferencias que él siempre había notado,
diferencias cansadas de permanecer ocultas
quizá cansado de ocultar.
Ella nunca lo escuchaba
pero siempre demandaba de él toda su atención,
ella veía su arte pero no parecía comprenderlo
ni tampoco interesarle,
ella era hermosa como el cielo
cuando muere la tarde,
ella estaba hecha
de los sueños
que el no estaba dispuesto contar.
Ella era su musa
y su más grande miedo,
ella le ocasionaba un vacío infinito
en su alma de niño,
ella podía matarlo con su silencio o
con tan sólo negarle su cariño.
Ella era su cuchillo, su rosa y su ataúd.
Sin caso se marchaba
solo para recordar que no podía dejarla
como las olas nunca dejan al mar,
temprano por la mañana regresaría
trayendo consigo al hogar
el pan, el diario y una infidelidad.