Sensibilidad social hacia la manifestación pública de afecto homosexual

14 septiembre, 2011 0 comentarios

Ha habido todo una movilización en Costa Rica en busca de defender el derecho de las personas homosexuales de manifestar su amor en público. Estas marchas conocidas como Marchas del Beso Diverso se han dado espontáneamente ante casos particulares de discriminación de servicio a parejas homosexuales.

Decía un amigo recientemente que no podemos cambiar como mucha gente piensa pero si podemos crear un efecto positivo a través de nuestro grupo cercano. Algo así como el dicho costarricense de “la caridad empieza por casa”. Esto me puso a pensar que en realidad no se cambia mucho con la marcha del “Beso Diverso” inclusive estructuralmente tiene el problema que también tuvo la Marcha de las Putas -todavía hay gente que piensa que las mujeres trabajadoras del sexo se manifestaron por sus derechos. Quién, fuera de sus círculos, ni siquiera entiende el concepto Diverso. Diverso en el sentido que no solo nos gustan los besos entre hombres y mujeres, sino de mujeres con mujeres y hombres con hombres. ¿Pero es ese beso realmente diverso?

Será que entre hombres y mujeres solo hay un tipo de beso? o que los homosexuales saben algo de beso que no saben los demás? Lo Diverso tiene mucho más que ver con beso homosexual que con nada más y cambiarle el nombre solo genera ambigüedad, o será que alguien puede pensar que los que apoyan el afecto homosexual censuren el heterosexual? Puede que el nombre sea mejor Diverso (suena más bonito) que homosexual pero solo para los propósitos de la conversación interna del grupo, que como todo grupo genera su propio léxico pues tiene un entendimiento mayor del contexto que el resto de la población. Pero entonces no veo razón para no llamarla simplemente Marcha del Beso.

Que alguien salga del closet en Costa Rica pese a lo personalmente difícil del asunto es un evento bastante poco extraordinario. Pero no deja de ser cierto que la intimidad homosexual en público por pequeña que sea genera roncha y esto se refleja en las acciones de los dueños de negocios.

Los administradores, esos abstractos seres humanos que más se parecen a “The Man” que a personas reales porque ni nos imaginamos quienes son. Pero si queremos entender porque actúan de una forma y no de otra debemos comprender que su vida es acerca de las ventas y se darán a la tarea de cambiar, mejorar, atacar e inclusive violentar a quien sea o lo que sea que afecte ese, su indicador de éxito, vendí más o vendí menos? Basados en esa regla que define para algunos el éxito y para otros el poder sobrevivir, se olvida el matiz humanista -lo que piensa uno importa menos que lo que piensa el resto porque el resto compra más que el uno. El asunto homosexual no lo meditan ni lo razonan solo actúan impulsivamente, en modo automático, para defender sus intereses que son fiel reflejo de lo que sus clientes gustan o disgustan.

Lo que nos lleva a que la marcha no busca cambiar a los negocios sino al gobierno para que imponga a los negocios que eliminen la discriminación sexual. El gobierno en este caso dirigido por una mujer de mente que podría entenderse abierta y que no debería tener ningún prejuicio personal hacia los homosexuales está sin embargo atado a generar políticas que sean afines a la mayoría y por lo tanto evita meterse en el asunto mientras sea visto como un mal menor.

La situación de la marcha entonces es que si convencemos al dueño del local que no discrimine, el dueño pierde clientela, si convencemos al político que cambie la ley, el político pierde partidarios, lo cual hace a la marcha poco poderosa en sí misma. Aunque claro será poderosa conforme el movimiento crezca y por ello es que se seguirán haciendo, con la esperanza de dejar de ser pocos y pasar a ser muchos. Pero no serán muchos en tanto la sociedad sea la misma. Lo que nos lleva a la gente, la sociedad, como responsable de estos actos que aborrecemos.

¿Será que la gente de Costa Rica odia a los homosexuales?

Es una pregunta interesante de responder. Qué será lo que pasa por la mente de la gente que no le gusta ver besos entre dos hombres o dos mujeres? Pero no a los que no les gusta sino a los que no les gusta al punto de quejarse con el mesero o el administrador del local y amenazar con no volver si no se cambia hacia una política de tolerancia cero ante esas, a sus ojos, aberradas formas de afecto.

Para ponerlo en perspectiva, si eso pasa cerca de mí en un local y yo me doy cuenta, no me quedo viendo para sentirme incómodo, lo más seguro es que mi conversación sea suficientemente interesante para no notarlo y si de casualidad lo viera haría igual que con cualquier muestra de afecto de una pareja ajena, es decir a menos que haya algo interesante que ver me importa poco lo que hagan. Pero no me pasaría por la mente acusarlos con el mesero, lo cual es algo más propio de un niño indefenso que apela a la autoridad de padres o maestros para resolver sus riñas. Me parecía una actitud necia cuando niño y me sigue pareciendo así.

Pero volviendo al hilo de la pregunta ¿Será que la gente de Costa Rica odia a los homosexuales? Sinceramente yo no lo creo así. No creo que a nadie le importe mucho que partes del cuerpo se rocen con que otras partes del cuerpo de nadie más en la oscuridad e intimidad de sus vidas. No creo que nadie ni los cristianos que piensan que son almas perdidas, los odien. Al menos no los odian más que a las demás almas perdidas que no hemos encontrado el camino a la salvación. Pero si a nadie le importa lo que los demás hacen, más que para contárselo al resto del mundo (chismear), entonces ¿qué es el asunto que molesta tanto a la gente acerca de los besos así llamados diversos? ¿Cuál es el gran tabú?

Me parece que tiene que ver con el miedo a la intimidad, el miedo a ser tocados, a sentir. Hay una incomodidad generalizada en esta sociedad con la intimidad, en particular con la intimidad ajena. Nos molesta la pareja de amigos que se pasan besando en el bar, nos molesta la gente que abraza a todo el mundo (son gente pega), nos parecen raras las familias que son muy cariñosas entre sí, nos incomoda la cercanía del “voseo” y ni para que del “tuteo”. En los bares y en los restaurantes la gente que no se conocía previamente no se habla, tenemos tal miedo a la intimidad ajena que basta que un grupo de ticos y ticas entre en un ambiente de confianza donde se permita el acceso a esa intimidad, al abrazo, al sentirse cercanos para que todos terminen en un tipo de orgia dosificada en la que todos acaban cogiendo con todos los demás y posteriormente se retraen de nuevo al miedo eterno de intimidad. Se odian se desprecian, en Costa Rica no se entienden las amistades con sexo o de beso en la boca, al menos no duraderas.

Estamos destinados a no ser tocados, a vivir lejos de la intimidad, los matrimonios terminan en una lucha imbécil por evitar ser tocados, por evitar sentir los dolores y la fragilidad del otro. No hay matrimonio en Costa Rica que se deje de hablar y solo tengan sexo pero hay demasiados que se hablan todo el tiempo y no saben lo que es intimar con esa persona al otro lado de la cama. Los besos son ya secos, en los labios por compromiso pero nacen más de la cortesía que de la pasión.

Vayan a los bares, cuenten cuanta gente se está besando, si se presta pongan reggaetón y verán como todo cambia, dependemos de una música que a ninguno nos gusta para superar la silenciosa pared que se posa a nuestro rededor. Necesitamos de la complicidad de los amores ocultos de motel para abrazar con pasión y gritar que nos amamos.

Los homosexuales son un grupo como hay otros de gente que supero ese problema de la intimidad. Son gente que disfruta siendo abiertamente promiscua pero sobre todo abiertamente afectuosa. Gritan, bailan y viven su vida a su manera para bien o para mal. Con sus estupideces, no más grandes, pero si más “loud” y el resto en sus ataúdes que asfixian les parece sensato evitar que se propague en sus mesas decentes de restaurante fino o de Mall familiar la peste de la pasión, del beso, del abrazo, del contacto humano que se nos hace más fácil censurar en ellos por su rareza, que encontramos intrínseca, pero que en el fondo no nos deja de incomodar en cualquiera de sus manifestaciones.

El problema es grande y tiene poco que ver con la orientación sexual, tiene poco que ver con que queramos familias de papá, mamá y chiquitos. Tiene mucho más que ver con quienes realmente somos con lo que nos causa miedo y resolverlo es un asunto un poco más difícil pero menos diverso de lo que nos gustaría pensar.

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